El Real Club Náutico de Palma acogió este martes un homenaje a Manuel “Noluco” Doreste y Javier Vallejo, dos figuras históricas de la vela española fallecidas recientemente. El acto, celebrado en el marco de la Copa del Rey Mapfre, estuvo presidido por Felipe VI, que participa en la competición como patrón del Hispania, y reunió a regatistas, familiares y compañeros de ambos deportistas.
La ceremonia puso el foco en dos trayectorias vinculadas a distintas generaciones y disciplinas de la navegación a vela. Doreste, de origen canario, y Vallejo, andaluz, representaron a España en grandes escenarios internacionales y contribuyeron a consolidar la presencia del deporte español en el circuito olímpico y en las competiciones de crucero. El homenaje sirvió también para subrayar la continuidad de una tradición deportiva que tiene en Palma uno de sus principales puntos de encuentro.

Un recuerdo compartido en Palma
Entre los asistentes estuvieron Theresa Zabell, doble campeona olímpica y una de las grandes referencias de la vela española; Luis Doreste, hermano de Noluco y también destacado regatista; y Domingo Manrique, compañero de Manuel Doreste en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. La presencia de familiares y deportistas de distintas épocas reforzó el carácter colectivo del acto, más allá del reconocimiento institucional.
Durante la ceremonia se proyectó un vídeo con imágenes y momentos vinculados a los dos fallecidos. La emisión concluyó con un prolongado aplauso de los presentes, en una escena que condensó el tono emotivo del homenaje. No se trató únicamente de recordar sus resultados deportivos, sino también su relación con una comunidad náutica en la que los vínculos personales y la transmisión de conocimientos tienen un peso especialmente relevante.
La trayectoria olímpica de Noluco Doreste
Manuel Doreste representó a España en los Juegos Olímpicos de Sídney, celebrados en el año 2000, junto a Domingo Manrique y Luis Wood. Su carrera se desarrolló tanto en la vela ligera como en la modalidad de crucero, dos ámbitos con exigencias técnicas y competitivas diferentes. Esa amplitud explica parte de la consideración que alcanzó dentro de la vela nacional: no limitó su recorrido a una sola clase ni a una etapa concreta, sino que mantuvo una actividad prolongada en diversas vertientes del deporte.
A su dedicación como regatista sumó su trabajo como médico anestesista. La combinación de ambas ocupaciones refleja una trayectoria construida fuera de los itinerarios estrictamente profesionales que predominan en otros deportes de alta competición. En su caso, el reconocimiento se apoya tanto en su participación olímpica como en una carrera sostenida durante años, compatible con una responsabilidad profesional ajena al ámbito deportivo.
Vallejo y la generación de Barcelona 1992
Javier Vallejo participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, una edición especialmente significativa para el deporte español por el impulso que proporcionó a numerosas disciplinas. En aquellos Juegos, Felipe VI ejerció como abanderado de la delegación española. La coincidencia entre aquel episodio y el homenaje celebrado ahora en Palma añadió una dimensión temporal al acto: el Rey se reencontró, desde su actual papel institucional y deportivo, con la memoria de una generación olímpica de la que formó parte como representante de España.
La trayectoria de Vallejo, al igual que la de Doreste, se inscribe en una etapa en la que la vela española buscaba ampliar su presencia internacional y convertir los resultados puntuales en una cultura deportiva más estable. La participación olímpica constituía entonces una de las principales referencias de ese proceso. Recordar a ambos regatistas durante la Copa del Rey Mapfre permitió vincular aquel legado con la actividad competitiva que continúa reuniendo cada año a deportistas de alto nivel en Mallorca.
Del homenaje a la competición
Una vez finalizado el acto, Felipe VI se dirigió al Hispania para disputar la primera jornada de competición. La transición entre la ceremonia y la regata mostró la doble naturaleza de su presencia en Palma: como jefe del Estado, encabezó el reconocimiento a dos referentes de la vela española; como patrón, retomó la actividad deportiva dentro de una de las citas más destacadas del calendario náutico.
La Copa del Rey Mapfre ofrece un marco particularmente apropiado para este tipo de homenajes porque reúne a tripulaciones, clubes y especialistas vinculados a diferentes momentos de la historia de la vela. La presencia de familiares y antiguos compañeros permite conservar una memoria que no siempre queda reflejada en los resultados oficiales. En este contexto, el tributo a Doreste y Vallejo no interrumpió la competición, sino que incorporó a la jornada una mirada retrospectiva sobre quienes ayudaron a construir el prestigio internacional de la vela española.
El reconocimiento celebrado en el Real Club Náutico de Palma dejó así una doble lectura. Por un lado, rindió tributo a dos deportistas cuya trayectoria estuvo marcada por los Juegos Olímpicos, la vela ligera y el crucero. Por otro, recordó que la evolución de este deporte depende también de figuras que ejercen como referentes para las generaciones posteriores. Con el aplauso de sus allegados y compañeros como cierre, Noluco Doreste y Javier Vallejo quedaron presentes en el escenario donde continúa desarrollándose buena parte de la actividad náutica española.
