El Sporting de Gijón cumplió este miércoles con una de sus tradiciones más arraigadas y visitó el Santuario de Covadonga para poner el nuevo curso bajo la protección de La Santina. La expedición rojiblanca, encabezada por el presidente ejecutivo, José Riestra, acudió acompañada por el cuerpo técnico y la plantilla, con el ascenso a Primera División como objetivo central de la temporada.
Una petición con el ascenso como horizonte
La ceremonia estuvo marcada por la lluvia, recibida con humor por el capellán del santuario, Andrés Fernández, quien la consideró un presagio favorable. Durante la ofrenda, Riestra expresó el deseo de que el equipo pueda “traer algo” al final de la campaña, una fórmula prudente que alude a la expectativa de recuperar la máxima categoría tras varios intentos frustrados.

Para el entrenador, Nicolás Larcamón, y varios futbolistas, la visita supuso el primer contacto con un ritual estrechamente ligado a la identidad del club. Rubén Yáñez y Alejo Sarco depositaron una camiseta y un balón junto a la Virgen, mientras Guille Rosas encendió una vela antes de abandonar la cueva. Los gestos reforzaron la dimensión colectiva de una jornada que combina tradición, compromiso y expectativa deportiva.
La presencia del Sporting coincidió con una intensa afluencia de peregrinos y turistas, que siguieron con curiosidad la llegada del equipo y aprovecharon para fotografiarse con los jugadores. Más allá del simbolismo religioso, el acto funciona también como el primer mensaje público de unidad alrededor de un proyecto que deberá transformar la ilusión en resultados. La visita a Covadonga abre oficialmente el camino de una temporada en la que el club vuelve a situar el regreso a Primera como su gran medida de éxito.
