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El Zaragoza guarda dos vías para reforzar su defensa

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El Real Zaragoza afronta la recta final del mercado con dos necesidades todavía abiertas: incorporar un delantero y completar el eje de la defensa. La prioridad en la zaga no responde únicamente a una cuestión numérica. El club debe decidir antes del 1 de septiembre qué combinación de jugadores ofrece mayor equilibrio entre rendimiento inmediato, margen de crecimiento, coste salarial y flexibilidad para una temporada en la que cada movimiento condicionará la planificación futura.

En ese escenario permanecen activas dos alternativas de perfiles muy distintos. Rubén Iranzo, capitán del Valencia Mestalla, podría llegar cedido y representa una apuesta por la juventud y la polivalencia. Xavi Sintes, de 25 años y actualmente sin equipo, aportaría mayor experiencia competitiva, fortaleza física y capacidad para disputar duelos. Ninguna de las dos operaciones está cerrada, y precisamente el momento del mercado convierte ambas opciones en posibilidades dependientes de otras decisiones.

Una plantilla todavía pendiente de varias decisiones

La dirección deportiva encabezada por Lalo Arantegui no trabaja sobre una plantilla completamente definida. Diego González ya ha sido incorporado como central zurdo, Tachi continúa en el proyecto tras su renovación y todavía debe resolverse la situación de Hugo Carrillo y Hugo Barrachina. La previsión es que uno de los dos salga y el otro complete la demarcación junto a los defensas ya confirmados y al refuerzo que llegue.

La decisión tiene una dimensión deportiva y otra administrativa. Carrillo es un central más contundente y hecho, pero solo le queda un año de contrato y, si permanece, ocuparía una ficha profesional de mayor de 23 años. En la categoría, el límite de este tipo de licencias es reducido, de modo que cada plaza tiene un valor estratégico. Barrachina, en cambio, cuenta con tres años más de vinculación contractual y ofrece mayor proyección y un perfil técnico más desarrollado, aunque una cesión a otro club de Primera RFEF podría ser la solución si el cuerpo técnico entiende que necesita jugar con regularidad.

El caso de ambos canteranos muestra que el Zaragoza no está eligiendo simplemente entre cuatro centrales. Está ordenando una estructura con distintos horizontes temporales: un futbolista que puede aportar de inmediato, otro que necesita consolidarse, un fichaje zurdo que cubre una carencia específica y un nuevo refuerzo cuya identidad dependerá de las salidas. El mercado, por tanto, no se cerrará con una incorporación aislada, sino con una cadena de decisiones interrelacionadas.

Iranzo, una solución que multiplica las opciones

Rubén Iranzo, conocido como Rubo, encaja en una lógica habitual del fútbol profesional: buscar talento formado en un club de Primera que necesite minutos y pueda competir en una categoría de máxima exigencia. Tiene 23 años, se incorporó a la cantera del Valencia en edad benjamín y ha sido capitán del Mestalla. Desde su debut con el primer equipo, en la temporada 2021-22 con José Bordalás, ha disputado doce encuentros oficiales.

Su participación con el Valencia de Carlos Corberán fue limitada la pasada campaña, con cuatro partidos, tres de ellos en la Copa del Rey, pero esa falta de continuidad no equivale a una ausencia de experiencia. Iranzo conoce el ritmo de un vestuario profesional y, al mismo tiempo, conserva una edad que le permitiría crecer con un papel más estable en Zaragoza. Su rendimiento más completo se espera como central, aunque también puede actuar como lateral derecho.

Esa versatilidad tiene un valor especial para el conjunto aragonés. Jokin Gabilondo es el único lateral derecho específico de la plantilla y la continuidad de Francho Serrano sigue vinculada a una renovación que debería modificar las condiciones de su contrato. Además, Lalo Arantegui hijo presiona desde el filial, pero todavía no puede considerarse una solución consolidada para una temporada de alta exigencia. Iranzo permitiría cubrir dos posiciones sin obligar al entrenador a modificar toda la estructura ante una lesión o una sanción.

El principal obstáculo no está en el jugador, sino en el Valencia. El club che tiene cubierto el centro de la defensa con César Tárrega, De Haas, Copete, Diakhaby e Iker Córdoba, aunque este último regresará de una cesión y apunta también a salir. Sin embargo, la plantilla valencianista aún no ha resuelto el lateral derecho y espera la recuperación de Dimitri Foulquier, que ya ha comenzado a trabajar con el grupo. Mientras esa zona siga incompleta, Iranzo continuará esperando una decisión.

Sintes y el valor de la experiencia aplazada

La alternativa de Xavi Sintes responde a otra filosofía. El defensa mallorquín conoce la categoría tras sus dos últimas temporadas en el Córdoba y ha pasado por las canteras del Real Madrid y del Sevilla. Se encuentra sin equipo y prácticamente recuperado de una lesión leve de rodilla, una circunstancia que puede retrasar su elección, pero también convertirlo en una oportunidad para los clubes que aguardan al tramo final del mercado.

Sintes es menos versátil que Iranzo, aunque ofrece una presencia física más marcada y capacidad para ganar duelos. También puede desenvolverse como mediocentro, lo que añade una alternativa táctica, pero su valor principal está en el eje. En un Zaragoza que pretenda defender más lejos de su portería o proteger ventajas mediante el juego aéreo y el contacto, ese perfil puede resultar relevante.

El club ya le presentó una propuesta firme que el jugador decidió aparcar porque aspiraba a continuar en Segunda División. Esa negativa no cerró definitivamente la vía. La falta de destino a estas alturas y el interés de varios clubes, con el Sabadell especialmente pendiente, pueden modificar el equilibrio de la negociación. Si Sintes no encuentra una opción en la categoría superior, el Zaragoza podría recuperar una operación que conoce y que probablemente tendría un coste de traspaso inexistente, aunque exigiría evaluar con precisión su estado físico.

La diferencia entre ambos candidatos también revela una cuestión de planificación. Iranzo sería una inversión deportiva con posible recorrido y una cesión que permitiría al Valencia controlar su evolución. Sintes, en cambio, puede ofrecer una respuesta más inmediata, pero con menor margen de revalorización. Elegir uno u otro significa decidir si la plantilla necesita proteger el presente o construir una pieza para las próximas temporadas.

El caso Dani Martínez cambia el mapa

La salida de la ecuación de Dani Martínez ha obligado al Zaragoza a reajustar sus prioridades. El central zaragozano, objetivo principal o uno de los principales para Lalo Arantegui, no continuará en el filial del Atlético de Madrid. Su pretemporada con el primer equipo dirigido por Diego Simeone ha elevado su consideración, pero todo apunta a que su próximo destino será un club de Segunda o del extranjero, no otro proyecto de Primera RFEF.

La operación tenía un componente emocional evidente por tratarse de un jugador de la ciudad, pero la planificación profesional no puede apoyarse únicamente en ese factor. Martínez y Diego González comparten el perfil de central zurdo, por lo que la llegada del segundo a finales de julio cubrió parte de la necesidad. Mantener una plantilla equilibrada exige ahora buscar un defensor con características complementarias, no replicar exactamente la pieza que finalmente no estará disponible.

Este episodio ilustra la creciente dificultad para competir por jóvenes defensas de clubes de Primera. Un futbolista que no tiene sitio estable en la máxima categoría puede preferir una cesión a Segunda o una salida internacional antes que asumir un papel secundario en una división inferior. Para entidades como el Zaragoza, la consecuencia es clara: deben anticiparse, ofrecer un camino deportivo convincente y mantener abiertas varias alternativas hasta las últimas semanas.

Más que dos fichajes, una prueba de modelo

La decisión sobre Iranzo o Sintes tendrá efectos que exceden el once inicial. La elección influirá en el desarrollo de Barrachina, en la continuidad de Carrillo, en el reparto de fichas profesionales y en la posibilidad de utilizar a un defensa como lateral durante una emergencia. También afectará a la relación con otros clubes: una cesión del Valencia puede abrir una colaboración futura, mientras que la contratación de un agente libre como Sintes ofrece más control contractual, pero exige asumir directamente el riesgo de su adaptación y de su recuperación.

El Zaragoza necesita evitar dos errores opuestos. El primero sería incorporar por urgencia a un jugador que no encaje en el estilo del equipo o que bloquee la evolución de un canterano. El segundo, esperar tanto que las opciones desaparezcan y terminar aceptando una solución inferior. La experiencia reciente de muchos clubes de Segunda demuestra que las plantillas desequilibradas suelen pagar un precio elevado cuando llegan las lesiones, las sanciones y los calendarios acumulados.

La polivalencia de Iranzo puede reducir ese riesgo porque permite cubrir el lateral derecho y el centro, pero también puede convertirse en una trampa si se utiliza como argumento para no reforzar una de las dos posiciones de forma específica. Sintes, por su parte, aportaría contundencia y experiencia, aunque la lesión de rodilla obliga a comprobar que su disponibilidad sea real y sostenida. La evaluación médica y el rol que se le ofrezca serán tan determinantes como el precio de la operación.

El desenlace probablemente llegará en la recta final del mercado, cuando se definan las necesidades del Valencia, las aspiraciones de Sintes y las salidas del propio Zaragoza. Si el club aragonés acierta, puede transformar una carencia defensiva en una estructura más flexible, con competencia interna y espacio para la cantera. Si se limita a reaccionar ante las circunstancias, correrá el riesgo de cerrar una plantilla condicionada por soluciones provisionales. En esa diferencia se jugará buena parte de la solidez del proyecto durante la temporada.

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