Eloi Martínez será una de las caras nuevas del Liceo en la temporada 2026-27 y ocupará un puesto de máxima exigencia en Riazor. El club anunció su fichaje por una campaña para completar la portería junto a Blai Roca, en una decisión que confirma la apuesta de Juan Copa por la continuidad del bloque y por el talento formado en casa. El guardameta coruñés, de regreso al primer equipo tras su paso por varias categorías y por otros dos clubes gallegos, llega en un contexto de reconstrucción contenida: tres incorporaciones y cuatro salidas para un equipo que quedará reducido a diez jugadores.
Un relevo construido desde la cantera
El caso de Martínez tiene una lectura deportiva y otra simbólica. Deportivamente, el Liceo gana un portero que conoce el entorno, la presión de Riazor y la exigencia de la estructura verdiblanca. Simbólicamente, el club cierra una transición que comenzó con la retirada de Martín Rodríguez, figura de referencia bajo palos, y que el propio Eloi reconoce como determinante en su trayectoria. Según explicó, siempre pensó que tendría que “volar” fuera para abrirse camino en senior, pero la salida del veterano le abrió una vía directa hacia el primer equipo.

El traspaso del testigo quedó escenificado en la grada del Palacio de los Deportes, donde Rodríguez le entregó el casco oficial del Liceo como despedida y como herencia profesional. El exguardameta le recordó que tocará trabajar “y defenderlo a muerte”, mientras Martínez devolvía el gesto con una pregunta que resume el valor del aprendizaje interno: quería saber si había sido un buen alumno. La respuesta, directa, fue que sí, el mejor. En un vestuario que valora el conocimiento acumulado, ese intercambio tiene un peso que va más allá de lo anecdótico.
Trayectoria, retorno y competencia inmediata
Martínez entró en la disciplina verdiblanca en 2015, después de iniciarse en el ADC Obradoiro impulsado por su hermano. En el Liceo se formó en categorías inferiores y coincidió incluso con Toni Pérez como entrenador, una etapa que él recuerda con humor por una observación del asturiano sobre su estatura y su capacidad para ocupar espacio en la portería. Permaneció en el club hasta la temporada 2021-22 y después siguió su evolución fuera: dos cursos en el Escola Lubiáns de Carballo y una última etapa en el Compañía de María en OK Plata.
Su regreso no garantiza protagonismo automático. Competirá cada semana con Blai Roca por el puesto, lo que introduce una disputa interna de rendimiento en una posición especialmente sensible. Para el Liceo, ese escenario ofrece dos lecturas útiles: cubre una demarcación crítica con dos perfiles distintos y mantiene la tensión competitiva dentro de un equipo que no dispone de margen amplio en la plantilla. En una temporada larga y exigente, la portería puede convertirse en uno de los factores que más condicione la estabilidad del proyecto.
Un mercado corto y muy medido
La llegada de Eloi Martínez es el segundo anuncio del verano después del retorno de Edu Lamas, otro canterano que vuelve a casa a los 36 años tras una carrera de peso en Benfica y Porto. A ellos se sumará el argentino Franco Platero, procedente del Oliveirense y con pasado también en Riazor, donde conquistó la Copa del Rey en 2021. El club prevé presentarlo en las próximas semanas. El movimiento dibuja una estrategia clara: reforzar con conocimiento del entorno y experiencia internacional una plantilla que perderá a César Carballeira, Nil Cervera, Tombita y Martín Rodríguez.
El resultado es un Liceo más corto, pero también más reconocible. Juan Copa dispondrá de Blai Roca, Arnau Xaus, Dava Torres, Nuno Paiva, Bruno Saavedra, Jacobo Copa, Toni Pérez y las nuevas incorporaciones para sostener un equipo que, sobre el papel, combina veteranía, retorno de la cantera y perfiles con recorrido competitivo. La apuesta es arriesgada porque reduce el margen de error, pero también coherente con la identidad del club: confiar en jugadores que conocen el peso de vestir la verdiblanca y asumir que la próxima temporada exigirá solidez, jerarquía y respuestas inmediatas.
