River acumuló decisiones fallidas tras perder la final ante Belgrano que explican su arranque irregular. El equipo de Coudet perdió sus dos primeros partidos del semestre y quedó sin margen para clasificar a la Libertadores por esa vía. Ganar el Apertura habría asegurado el cupo continental y un colchón económico; en cambio, la derrota dejó al club expuesto.

El mercado de pases llegó tarde. Otamendi y Arambarri fueron las únicas incorporaciones tempranas; González, Beltrán y Correa se sumaron cuando la pretemporada ya avanzaba. El plantel viajó a España con apenas 19 jugadores porque 14 fueron apartados sin un plan claro de salida. Esa medida afectó la preparación y generó tensiones innecesarias, especialmente con un referente como Pezzella.
La salida de Quintero sumó otro golpe. El club pagó más de dos millones de dólares por él hace un año y lo dejó marchar sin compensación pese a existir una cláusula. La pérdida de su creatividad se notó de inmediato en un equipo sin ideas que repitió desorden y fragilidad defensiva ante Aldosivi y Barracas Central.
Estas decisiones consecutivas muestran falta de planificación. Cada error redujo opciones deportivas y económicas, y el presente actual es consecuencia directa de esa acumulación. Los hinchas perciben un club que repite patrones sin corrección.
