La selección española de waterpolo se prepara para defender su título en la Superfinal de la Copa del Mundo que se celebrará en Sídney entre el 23 y el 26 de julio. El seleccionador David Martín ha optado por dar descanso a tres jugadores clave tras una temporada muy exigente en sus clubes, lo que obliga a una renovación parcial del equipo que busca mantener su nivel competitivo.
Alberto Munárriz, capitán y referente en defensa, Álvaro Granados, principal amenaza ofensiva, y Marc Larumbe, encargado de organizar el ritmo de juego, quedarán fuera de la convocatoria. Sus ausencias responden a la necesidad de recuperación física después de un calendario denso que incluyó competiciones nacionales e internacionales. Esta decisión abre paso a cuatro debutantes en una gran cita: Gerard Gil, Josep Bonet, Max Casabella y el joven portero Dídac García, quien sustituye a Edu Lorrio tras su reciente operación de codo.

El peso de la experiencia ausente
La ausencia de Munárriz, Granados y Larumbe representa una pérdida significativa en tres áreas fundamentales del juego. Munárriz ha sido el pilar defensivo en los últimos ciclos, con una capacidad para neutralizar ataques rivales que pocos jugadores igualan. Granados, por su parte, ha liderado la producción de goles en los torneos recientes, mientras que Larumbe ha aportado estabilidad en la transición entre defensa y ataque. Su descanso responde a un criterio de prevención de lesiones antes de un ciclo olímpico que culminará en Los Ángeles 2028.
La incorporación de los debutantes busca equilibrar esa falta de veteranía con frescura y motivación. Dídac García asume la responsabilidad de la portería en un momento delicado, mientras que los tres jugadores de campo deberán adaptarse rápidamente a las exigencias de una competición por eliminación directa. El seleccionador ha señalado que esta Superfinal servirá como prueba real para medir el grado de madurez del grupo renovado.
El recorrido hasta la clasificación
España llegó a esta Superfinal tras proclamarse campeona de la División 1 en abril en Alexandroupolis, Grecia. Ese resultado le otorgó el billete directo junto a las otras cinco mejores selecciones de esa categoría y a Georgia y Montenegro, procedentes de la División 2. El formato del torneo elimina cualquier margen de error: desde cuartos de final todas las eliminatorias son a partido único.
El palmarés reciente avala las aspiraciones españolas. En 2025 conquistó el título en Podgorica con victorias claras ante Alemania, Croacia y una remontada final contra Grecia. Sin embargo, el quinto puesto obtenido en el Europeo de Funchal evidenció que el equipo necesita consolidar su rendimiento ante rivales de primer nivel cuando no cuenta con toda su plantilla habitual.
El cuadro de la Superfinal y los rivales
El debut español será el jueves a las 10:30 hora española contra Australia, selección local que ocupó el quinto lugar en los Juegos de París 2024. En caso de superar esa ronda, el equipo se enfrentará en semifinales al ganador del cruce entre Hungría y Croacia. Hungría acumula cuatro títulos históricos de la Copa del Mundo, al igual que Estados Unidos, mientras Croacia llega como subcampeona olímpica en París y campeona mundial en Doha.
En el otro lado del cuadro se encuentran Grecia, medalla de plata en Tokio 2020 y campeona en Fukuoka 2023, Italia en clara progresión, y las combinaciones de Georgia y Montenegro, que buscarán aprovechar cualquier error de las favoritas. El sistema de eliminatorias directas obliga a España a mantener la concentración desde el primer partido.
Preparación hacia Los Ángeles 2028
Más allá del resultado inmediato en Sídney, el torneo forma parte del proceso de preparación olímpica. La dirección técnica española considera que la exposición de los jugadores más jóvenes en una competición de alto nivel acelerará su desarrollo. La experiencia adquirida ahora puede resultar determinante cuando el equipo intente clasificarse y competir en los Juegos de 2028.
El equilibrio entre descanso de veteranos y oportunidades para la nueva hornada marca la estrategia actual. El quinto puesto europeo del pasado año sirvió de advertencia sobre la necesidad de mantener la intensidad incluso con cambios en la plantilla. El rendimiento en Australia permitirá evaluar si esa renovación mantiene el nivel exigido para seguir entre las selecciones más fuertes del mundo.
