El precio dinámico impuesto por la FIFA ha convertido la final del Mundial entre España y Argentina en la más cara de la historia. Las entradas más asequibles en la plataforma oficial de reventa superan los 7.000 euros, con picos que alcanzan los 70.000 euros. Este mecanismo, similar al de los billetes de avión, responde exclusivamente a la oferta y la demanda, eliminando cualquier tarifa fija y obligando a los aficionados a asumir costes extremos para presenciar el encuentro en Nueva York.

En ediciones anteriores, como Sudáfrica 2010 o Qatar 2022, los precios de salida oscilaban entre 200 y 1.600 euros. El cambio de modelo multiplica esos valores por tres o más, evidenciando cómo el fútbol prioriza el rendimiento económico sobre el acceso masivo. Las opciones VIP de hospitality elevan aún más la barrera, situándose entre 13.000 y 50.000 euros, mientras que el alojamiento y los desplazamientos añaden costes adicionales que consolidan el evento como un producto exclusivo para altos ingresos.
