La selección española alcanzó la final del Mundial tras imponerse 2-0 a Francia en Dallas. Los goles de Mikel Oyarzabal y Pedro Porro coronaron una actuación que anuló por completo a Kylian Mbappé y limitó las opciones de una de las selecciones más potentes del torneo.

En el vestuario, la euforia se manifestó en abrazos, saltos y cánticos compartidos por titulares, suplentes y cuerpo técnico. Esta imagen refleja el ambiente consolidado tras más de 45 días de convivencia, donde la cohesión grupal ha sustituido a cualquier protagonismo individual.
El dominio del centro del campo ejercido por Rodri y Fabián Ruiz, sumado a la escasa concesión de ocasiones, confirma que el equipo de Luis de la Fuente ha alcanzado la final con la misma autoridad que exhibió durante la semifinal. La plantilla encara ahora el último partido consciente de que el grupo sigue siendo su principal fortaleza.
