España completó su segunda estrella mundialista el 19 de julio al derrotar a Argentina en la prórroga de la final. El equipo mantuvo una solidez defensiva excepcional al encajar solo un gol en ocho partidos y resolvió la mayoría de encuentros con autoridad en los metros finales.

Mikel Oyarzabal lideró el ataque con cinco goles. Siete jugadores distintos contribuyeron a los 14 tantos totales. Tras un estreno sin goles ante Cabo Verde, España desplegó una fase de grupos impecable y superó los cruces eliminatorios con eficacia táctica, destacando el control ante Francia y la resolución en el duelo contra Portugal.
La victoria final llegó por un tanto de Ferran Torres en el minuto 106 tras una jugada colectiva. Este triunfo consolida un modelo basado en posesión, presión alta y precisión en área rival, sin depender de prórrogas salvo en la gran final.
