Pedro Porro, formado en canteras modestas y consolidado en el Tottenham, asistió a Lamine Yamal para que Dani Olmo sellara la clasificación de España ante Francia. Esa jugada en semifinales resume la selección que disputará la final contra Argentina esta noche en Nueva York: un equipo mestizo cuyos jugadores proceden de trayectorias heterogéneas y orígenes múltiples.

En 2010, la plantilla campeona en Sudáfrica apenas contaba con tres jugadores fuera de LaLiga y ninguno con segunda nacionalidad reconocida. Hoy, quince de los veintiséis convocados han jugado en el extranjero y tres poseen otra nacionalidad además de la española. Esta transformación refleja tanto la globalización del fútbol como los cambios demográficos de España, donde un 11 % de los deportistas federados tiene origen extranjero según datos del CSD de 2024.
El seleccionador Luis de la Fuente mantiene el modelo de juego colectivo y el respeto intercultural que ya se aplicaba en las categorías inferiores. Santi Denia, técnico de base entre 2010 y 2025, subraya que la integración de jugadores con trayectorias migratorias o formaciones en el extranjero se ha convertido en norma, no en excepción. El resultado es una selección que representa fielmente la sociedad española actual y que llega a la final con una identidad más amplia que la de hace dieciséis años.
