El encuentro entre España y Argentina ofreció una exhibición de control táctico y posesión que terminó decantándose del lado español por la mínima. Luis de la Fuente mantuvo la estructura que había llevado a su selección a la final, mientras Lionel Scaloni introdujo a Nico González en busca de mayor frescura en el centro del campo. La ausencia de Leandro Paredes obligó a Rodrigo De Paul a asumir mayor responsabilidad en la recuperación, aunque el plan argentino se vio rápidamente desbordado por el ritmo impuesto por Rodri.
Primer tiempo: posesión sin profundidad
Los primeros minutos transcurrieron sin que ninguno de los dos equipos arriesgara líneas. España movió el balón con criterio, con Dani Olmo actuando como enlace entre la defensa y el ataque. Sin embargo, la falta de amplitud en las bandas impidió generar ocasiones claras contra Emiliano Martínez. Solo Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal, ambos con la zurda, consiguieron inquietar al portero argentino. La presión alta española forzó a los sudamericanos a jugar en largo, reduciendo la influencia de Messi en la creación de juego.

Al descanso, el balance mostraba un claro dominio territorial español, aunque sin traducirse en goles. Argentina se replegó con disciplina, confiando en la capacidad de sus delanteros para contraatacar cuando recuperaran el balón. Scaloni utilizó el entretiempo para reorganizar las instrucciones defensivas, mientras De la Fuente buscaba ajustar los movimientos de los extremos.
Segundo tiempo: España mantiene la iniciativa
La reanudación siguió el mismo guion. España proponía y Argentina aguantaba con líneas muy retrasadas. Cada vez que Messi recibía, los centrales Cubarsí y Laporte reaccionaban con rapidez. El físico impuesto por los españoles empezó a pasar factura a los argentinos, que apenas conseguían salir con claridad. Los cambios de Scaloni buscaron reforzar la defensa, mientras De la Fuente introdujo a Mikel Merino y Ferran Torres para aumentar la presencia en el área.
La expulsión de Enzo Fernández complicó aún más las opciones de Argentina. Con un jugador menos, el objetivo pasó a ser llegar a la prórroga y, en el mejor de los casos, a los penaltis. Julián Álvarez realizó un trabajo incansable en la presión, pero el dominio español resultaba abrumador.
La prórroga y el gol decisivo
En los dos periodos de prórroga, España siguió insistiendo por las bandas. Nico Williams y Lamine Yamal generaron centros constantes. Merino estuvo cerca de marcar con un remate de cabeza. Finalmente, la insistencia dio fruto cuando Nico Williams cedió de cabeza para Ferran Torres, que definió con precisión ante la salida de Martínez. El 1-0 llegó en el momento en que Argentina más sufría físicamente.
Con el marcador a favor, España administró la posesión hasta el final. Los cambios de De la Fuente resultaron clave para mantener la frescura en los momentos decisivos. Messi intentó una última reacción en los minutos finales, pero el tiempo ya no alcanzaba para revertir el resultado.
La victoria otorga a España su segunda estrella en una competición internacional de máximo nivel. El trabajo colectivo, la intensidad defensiva y la capacidad de mantener la posesión bajo presión fueron los factores que inclinaron la balanza. Argentina demostró resiliencia, pero la expulsión y el desgaste físico terminaron por pesar en el desenlace.
