España derrotó a Francia en semifinales y disputará la final del Mundial en Nueva York dieciséis años después de su último título. El partido se definió por la superioridad colectiva española frente a las individualidades francesas, que cayeron primero moralmente y luego físicamente.
El momento más simbólico llegó con Lamine Yamal. El joven extremo ejecutó un salto de barrera sobre un defensor francés, réplica tardía del salto que Míchel no dio ante Yugoslavia en Italia 90. Esa acción generó el penalti que Oyarzabal transformó con precisión.

España mantuvo posesión alta y ritmo constante pese a las ausencias de Nico Williams y el menor rendimiento de Pedri. El equipo priorizó el juego por encima de la verticalidad arriesgada, recuperando en tres cuartos y fabricando superioridades sin precipitarse. Francia, que había sido bloqueo compacto en el torneo, quedó disuelta por la presión constante española.
El planteamiento de De la Fuente obliga a sus estrellas a realizar esfuerzo defensivo, lo que convierte al colectivo en el verdadero protagonista. Yamal, sin buscar protagonismo individual, ha aceptado integrarse en un sistema que premia el sacrificio sobre el lucimiento personal. Esa elección ha llevado a España a la final antes de que su mayor talento cumpla veinte años.
