La selección española ejecutó en la semifinal un plan de contención que dejó sin opciones a Francia, una de las selecciones más temidas del torneo. En noventa minutos los franceses solo consiguieron dos disparos entre los tres palos, ambos en el tiempo de descuento cuando ya no había margen para reaccionar.

El sistema de Luis de la Fuente redujo a cero las grandes ocasiones francesas. España acumuló tres ocasiones claras y un xG de 1,63 frente al 0,31 de su rival, una brecha que refleja la diferencia real de calidad en los tiros. Aymeric Laporte lideró una zaga que no permitió duelos ganados a los atacantes galos, mientras Pau Cubarsí aportó una madurez impropia de su edad para cerrar cualquier resquicio.
Paridad engañosa
Los diez disparos por equipo ocultan la realidad: España generó 1,57 de xG por tiro a puerta y Francia solo 0,07. Olmo, Baena y Oyarzabal renunciaron al lucimiento personal para reforzar la estructura colectiva. La victoria se construyó así en la sala de máquinas, donde España impuso una lógica táctica que anuló por completo a la selección que muchos consideraban imbatible.
