El Mundial disputado en tres países, con 48 selecciones y 104 partidos, coronó el juego colectivo de España y alteró de forma permanente el concepto de la Copa del Mundo. La incorporación de normas para reducir pérdidas de tiempo, las pausas de hidratación convertidas en espacios publicitarios y la presencia de árbitros con cámaras marcaron un giro hacia el espectáculo estadounidense.
Luis de la Fuente ejecutó un plan que mantuvo a España en su mejor forma hasta la final. Ferran Torres, suplente, decidió el título con un gol en la prórroga, repitiendo el impacto de Iniesta dieciséis años antes. El equipo aceptó roles variables, desde Lamine Yamal hasta Pedri, quien cedió su puesto en los últimos partidos sin fisuras.

Leo Messi brilló durante el torneo pero firmó su peor partido en la final. Con 39 años lideró una Argentina que resistió hasta el final, aunque no superó a Maradona ni alcanzó récords goleadores: Kylian Mbappé lo adelantó con diez goles en este Mundial. La despedida de Cristiano Ronaldo y Luka Modric cerró un ciclo de futbolistas que representaban otra era previa a la tecnología arbitral.
La FIFA registró más de seis millones y medio de espectadores, superando récords anteriores. Las semifinales reunieron por primera vez a los cuatro primeros del ranking FIFA. España defenderá el título dentro de cuatro años como coanfitriona junto a Portugal y Marruecos, mientras el torneo deja un precedente de pausas comerciales y formatos que difícilmente encajan con la tradición del fútbol.
