España derrotó este martes a Montenegro por 35-33, con un parcial de 17-17 al descanso, y cerró la fase de grupos del Mundial que se disputa en Mioveni con pleno de cinco victorias. El triunfo no solo aseguró el liderato de la clasificación, sino que tuvo un valor añadido para las Guerreras: el rival balcánico había privado al conjunto español de la medalla de bronce el año pasado, en el Europeo juvenil, tras remontar en los últimos minutos para imponerse por 22-20.
La selección española se enfrentará el jueves a Suiza en los cuartos de final. Montenegro también tenía garantizado su pase a la siguiente ronda, de modo que el encuentro no modificaba el futuro inmediato de ninguna de las dos selecciones, pero sí podía influir en el cruce posterior. España evitó así a Eslovaquia, un equipo que la había derrotado en la fase de grupos por 32-27, y se encontró con una ruta aparentemente menos exigente sobre el papel.

Un final que cambió el sentido del partido
El encuentro avanzó durante muchos minutos sin un dominador claro. Las dos selecciones jugaron con una marcada vocación ofensiva y concedieron poco margen a las defensas para asentarse. España necesitó menos de medio minuto para culminar sus ataques, mientras Montenegro empleó alrededor de 38 segundos, una diferencia pequeña que reflejó la igualdad y el ritmo sostenido del duelo.
El equipo balcánico impuso por momentos su poderío físico. Contaba con tres jugadoras por encima de 1,80 metros y utilizó esa ventaja para buscar lanzamientos y situaciones de contacto cerca de la línea de seis metros. España, sin embargo, respondió con velocidad en la circulación y con una rotación amplia. El marcador se movió a tirones, aunque nunca hubo una distancia superior a dos goles durante buena parte del encuentro.
En la segunda mitad, las españolas consiguieron abrir una brecha de tres tantos, pero Montenegro reaccionó con contundencia y volvió a colocarse por delante. A diez minutos del final, las balcánicas mandaban por dos goles y parecían haber encontrado el modo de controlar el tramo decisivo. Fue entonces cuando España modificó el comportamiento de su defensa, asumió una disposición más abierta y comenzó a dificultar las líneas de pase rivales.
La presión dio resultado. Montenegro perdió claridad en sus ataques y España aprovechó cada recuperación para acelerar la transición. El parcial definitivo de 6-2 no fue únicamente una racha de acierto: combinó anticipación defensiva, manos rápidas y una toma de decisiones más precisa en los momentos de mayor exigencia. El conjunto español recuperó el mando y ya no permitió una nueva respuesta de su adversario hasta el 35-33 final.
Fresno lidera una producción ofensiva repartida
Elena Fresno fue la principal referencia individual de España. La lateral del Bera Bera disputó 34 minutos y marcó siete goles sin fallo, una eficacia que obligó a Montenegro a colocarle una defensa mixta para limitar su influencia. Su actuación fue decisiva tanto por la producción directa como por el espacio que generó para sus compañeras cuando la defensa rival decidió perseguirla.
La ausencia de goles de Erika Vladu desde el extremo no descompensó el ataque español. Ohiana Murgiendo aportó cuatro tantos y mantuvo la amenaza en esa zona, mientras que las tres pivotes utilizadas por Cristina Cabeza —Aitana Hernández, Andrea Palomero y Nagore Alza— contribuyeron tanto en la finalización como en el trabajo defensivo. La aportación no quedó concentrada en una sola posición, una característica que permitió a España sostener el ritmo cuando Montenegro ajustó su plan.
En el centro, Lucía Calleja e Iraia Berroeta ofrecieron perfiles complementarios. Esa variedad fue una de las claves del desenlace: ante cada modificación defensiva de Montenegro, España encontró una alternativa distinta para continuar atacando. La profundidad de la convocatoria también redujo el impacto de los cambios y ayudó al equipo a llegar con más recursos al último tramo.
Una victoria con valor competitivo y simbólico
El resultado prolonga el recorrido perfecto de España en el Mundial y confirma la evolución de un equipo que ha sabido resolver partidos de distinta naturaleza. En esta ocasión no dominó de principio a fin ni se impuso por una superioridad constante. Ganó después de verse por detrás en el momento más comprometido, mediante una reacción colectiva que alteró el guion del encuentro.
La referencia al Europeo juvenil del año pasado añade una dimensión emocional, aunque el contexto competitivo sea diferente. Entonces Montenegro remontó en los minutos finales y acabó subiendo al podio; esta vez fue España la que encontró la respuesta cuando el reloj favorecía a su rival. La revancha, por tanto, no se limitó al marcador: reflejó una mejor gestión del desenlace y una defensa capaz de modificar el partido cuando el ataque necesitaba apoyo.
El liderato permite a las Guerreras afrontar los cuartos ante Suiza con el balance intacto y la confianza derivada de haber superado un examen exigente. Montenegro demostró que sigue siendo una selección física y capaz de castigar cualquier desconexión, pero España cerró la fase de grupos con la respuesta que más necesitaba: ganar un final igualado, recuperar dos goles de desventaja y mantener el control hasta la última posesión.
