España y la vigencia del fútbol de posesión
La eliminación de Francia en semifinales del Mundial 2026 no solo devuelve a España a una final dieciséis años después. Representa la confirmación de que el control del balón sigue siendo un método competitivo frente a selecciones construidas sobre transiciones y físico. Luis de la Fuente ha logrado que el equipo recupere su identidad sin sacrificar solidez, y esa evolución plantea preguntas sobre la sostenibilidad de modelos opuestos en el fútbol de élite.
La posesión como método probado
Durante años se argumentó que el tiki-taka había quedado obsoleto tras el éxito de Francia en Rusia 2018. Sin embargo, el partido en Dallas mostró que España puede imponer su ritmo incluso contra la delantera más temida del torneo. Rodri controló el centro del campo, Dani Olmo generó superioridades entre líneas y la defensa anticipó las salidas de Mbappé y Olise. El resultado fue que Francia apenas completó el 38 % de pases en campo propio durante los primeros 60 minutos.
Este dato no es aislado. En los cinco partidos desde el empate inicial contra Cabo Verde, España promedió un 61 % de posesión y redujo las transiciones en contra a menos de cuatro por encuentro. El mérito de De la Fuente radica en ajustar la estructura sin renunciar al principio: el balón como primera defensa. Esa decisión desmonta la narrativa de que el fútbol actual exige elegir entre posesión o verticalidad.

Continuidad generacional que reduce riesgos
La mayoría de los jugadores actuales de España apenas recuerda el Mundial de Sudáfrica. Lamine Yamal ni siquiera tenía tres años cuando Iniesta marcó en 2010. Aun así, comparten una formación común bajo De la Fuente desde las categorías inferiores. Esa trayectoria compartida explica la naturalidad con la que el equipo ha corregido errores durante el torneo.
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