Tras la conclusión del Mundial de 2026, la atención del fútbol internacional se desplaza ya hacia la edición de 2030, que será organizada conjuntamente por España, Portugal y Marruecos. Uno de los primeros puntos de fricción es la sede de la final. Aunque el Santiago Bernabéu parecía la opción natural, la FIFA aún no ha tomado una decisión oficial y se espera que lo haga en 2027. Marruecos ha presentado una candidatura muy estructurada que incluye el Gran Estadio Hassan II de Casablanca, diseñado para acoger hasta 115.000 espectadores.
El proyecto de Casablanca y la influencia institucional
El nuevo recinto marroquí supera en capacidad a la mayoría de estadios europeos y forma parte de una estrategia de infraestructuras que el país ha desarrollado durante la última década. Pablo Franco, entrenador español que dirige al Maghreb Fez, señala que Marruecos cuenta con un “lobby impresionante” capaz de actuar en las instancias más altas de la FIFA. Esta capacidad de negociación, según Franco, podría compensar el prestigio histórico del Bernabéu y del Real Madrid.

El crecimiento deportivo de Marruecos
En el plano estrictamente deportivo, Marruecos llega al ciclo 2030 con una trayectoria ascendente. Tras alcanzar las semifinales en 2022 y los cuartos de final en 2026, el equipo nacional ha renovado su plantilla con jugadores formados en academias locales y en ligas europeas. Nombres como Bouaddi, El Aynaoui o Saibari se suman a veteranos como Achraf Hakimi y Bono. Jorge Vilda, actual seleccionador de la selección femenina marroquí, destaca que el país ha pasado de ser un participante ocasional a un candidato estable.
La inversión en categorías inferiores y academias
El desarrollo marroquí se apoya en dos pilares principales: la mejora de las infraestructuras y la captación temprana de talento. La academia Mohamed VI, ubicada en Rabat, concentra a los jugadores más prometedores desde edades infantiles. Franco subraya que este modelo recuerda al que aplicó la federación española hace treinta años, cuando las selecciones inferiores comenzaron a acumular títulos europeos y mundiales. Además, el país ha construido decenas de campos de fútbol de pequeño formato que funcionan de forma continua en zonas urbanas.
Condiciones de la liga local y calendario
La liga marroquí presenta particularidades que afectan al rendimiento de sus equipos. En la última temporada, el calendario se retrasó y se solapó parcialmente con el Mundial, obligando a disputar partidos cada tres días y a temperaturas superiores a 45 grados. A pesar de estas dificultades, Franco considera que el nivel competitivo supera al de ligas como la portuguesa, la neerlandesa o la belga. Solo dos porteros suplentes de la selección absoluta juegan actualmente en el campeonato doméstico, lo que evidencia la alta exportación de talento hacia Europa.
El complejo de Rabat y el apoyo institucional
Vilda describe las instalaciones de la federación marroquí en Rabat como el mejor complejo que ha conocido en su carrera. El centro ocupa 37 hectáreas, cuenta con 13 campos de hierba natural, tres de césped artificial, residencias, dos quirófanos y sistemas de análisis de vídeo integrados en los terrenos de juego. Esta infraestructura ha sido ampliada recientemente. El apoyo del Estado se materializó en un discurso del rey Mohamed VI que priorizó el desarrollo del deporte, tanto masculino como femenino, y que impulsó recursos económicos y organizativos.
Perspectivas para la Copa de África y el ciclo 2030
Con la Copa de África femenina a punto de comenzar en casa, Marruecos busca consolidar su posición como potencia emergente. Vilda observa que la selección despierta un fervor comparable al de Argentina: cuando juega, la vida del país se detiene. Esta pasión, unida a la mejora continua de las estructuras, sitúa a Marruecos como un rival directo de las selecciones europeas en la carrera por el título de 2030. La decisión final sobre la sede del partido decisivo dependerá tanto de criterios deportivos como de la capacidad de cada federación para influir en los órganos de gobierno de la FIFA.
