El Consejo de Administración de la Euroliga ha confirmado la lista definitiva de 20 clubes para la temporada 2026/2027. Esta será la última campaña con ese formato antes de la ampliación pactada a 24 participantes a partir de 2027/2028. El único movimiento registrado es la salida del AS Mónaco, que disputará la Eurocup, y la entrada del Besiktas Istanbul. El Paris Basketball conserva su plaza de comodín, mientras que la licencia del Real Madrid ha sido prorrogada por diez años. El resto de participantes mantiene su presencia: Anadolu Efes, Fenerbahce, Dubai Basketball, Asvel Villeurbanne, Baskonia, Barcelona, Valencia Basket, Armani Milan, Virtus Bolonia, Partizan, Estrella Roja, Bayern Munich, Hapoel Tel Aviv, Maccabi Tel Aviv, Olympiacos, Panathinaikos y Zalgiris Kaunas.

La decisión de mantener un único cambio refleja la voluntad de estabilidad antes de un salto estructural mayor. Sin embargo, la transformación de licencias temporales en franquicias de largo plazo introduce un cambio de paradigma que afecta tanto la gobernanza como la distribución de ingresos y la planificación deportiva de los clubes.
Estabilidad aparente y tensiones latentes
La prórroga de la licencia del Real Madrid por una década otorga al club español un ancla institucional dentro de un ecosistema que busca profesionalizarse. Este movimiento reduce la incertidumbre jurídica que rodeaba al vigente campeón y permite al resto de participantes planificar con mayor horizonte temporal. No obstante, la ausencia de rotación competitiva entre el Mónaco y el Besiktas plantea interrogantes sobre el equilibrio geográfico y el atractivo comercial de la competición. Turquía gana un representante adicional mientras Mónaco, que había alcanzado las semifinales en campañas recientes, queda fuera del primer nivel.
El modelo de franquicia como punto de inflexión
La conversión de licencias en franquicias a partir de 2027 responde a la necesidad de atraer capital externo y estabilizar la propiedad de las plazas. Clubes ya consolidados como el Barcelona o el Panathinaikos podrían beneficiarse de una valoración patrimonial más clara, pero los inversores externos que representan nuevos mercados —principalmente Oriente Medio y Asia— exigen garantías de permanencia que el sistema actual de licencias no proporciona. El proceso formal que comenzará el 1 de julio de 2026 determinará si la Euroliga logra replicar el éxito de la NBA en la creación de activos transmisibles o si, por el contrario, genera una brecha entre clubes históricos y nuevas franquicias.
El principio de que todos los equipos se enfrenten entre sí seguirá siendo prioritario, pero la incorporación de cuatro plazas adicionales obliga a revisar el calendario. Una fase regular más larga podría chocar con las ventanas FIBA y las competiciones nacionales, especialmente en países donde la liga doméstica ya sufre la competencia de la Euroliga por fechas y recursos.
Perspectivas de los diferentes actores
Los clubes españoles ven con recelo la entrada de capital foráneo que podría alterar el reparto de ingresos por derechos audiovisuales. En cambio, los equipos turcos y serbios perciben la expansión como una oportunidad para aumentar su visibilidad y captar patrocinadores regionales. Los inversores de Dubai Basketball, por su parte, apuestan por consolidar una marca de baloncesto en Oriente Medio que trascienda las fronteras actuales. Los jugadores, mientras tanto, enfrentan un escenario de mayor carga competitiva sin que se hayan anunciado ajustes en los límites de partidos por semana.
Riesgos de dilución competitiva y saturación
Ampliar de 20 a 24 equipos sin modificar sustancialmente el formato de todos contra todos incrementa el número de partidos y reduce el margen de error para los equipos medianos. Históricamente, competiciones que han crecido sin mecanismos de descenso han registrado descensos en la calidad media de los encuentros y en el interés del público. Además, la presencia simultánea de equipos israelíes y clubes de países con tensiones geopolíticas añade una capa de riesgo operativo que las autoridades de la Euroliga deberán gestionar con protocolos específicos de seguridad y neutralidad.
La salida del Mónaco también evidencia que el acceso a la Euroliga sigue dependiendo en gran medida de decisiones administrativas más que de méritos puramente deportivos. Esta percepción puede erosionar la motivación de clubes que compiten en la Eurocup o en ligas nacionales con la esperanza de ascender por vía deportiva.
Tendencias futuras y escenarios plausibles
Si el proceso de adjudicación de franquicias se desarrolla con transparencia, es probable que al menos dos nuevas plazas recaigan en mercados asiáticos o norteamericanos, ampliando el alcance global de la competición. Paralelamente, la integración de la Euroliga con el calendario FIBA podría derivar en un acuerdo marco que limite los partidos internacionales a 60 por temporada, una cifra que ya se discute internamente. En el peor de los escenarios, la falta de consenso sobre el formato podría retrasar la ampliación a 2028 o incluso generar una escisión entre clubes tradicionales y nuevos inversores.
La evolución hacia un modelo de franquicias representa la apuesta más ambiciosa de la Euroliga desde su fundación. Su éxito dependerá de la capacidad para equilibrar el atractivo comercial con la integridad competitiva y de la habilidad para integrar nuevos mercados sin sacrificar la identidad europea que ha sostenido la competición durante más de dos décadas.
