Remco Evenepoel se impuso por cuarta vez en la Clásica de San Sebastián y estableció un nuevo registro histórico al superar las tres victorias conseguidas por Marino Lejarreta en las décadas de 1980. La prueba, disputada el 1 de agosto de 2026, transcurrió en condiciones que favorecieron a los corredores con capacidad de respuesta en los puertos finales, aunque el belga debió superar dificultades iniciales que pusieron en duda su triunfo hasta los últimos kilómetros.
El recorrido y las dificultades iniciales
La carrera comenzó en Hondarribia y pronto se definió un grupo delantero que alcanzó una ventaja de 36 segundos antes de la ascensión a Erlaitz. Evenepoel, segundo en el Tour de Francia reciente, mostró signos de frustración al no poder integrarse inmediatamente tras el vehículo de su equipo. Los jueces le impidieron rodar en el coche, lo que generó un momento de tensión visible en las imágenes de televisión. A pesar de ello, el corredor belga mantuvo la concentración y afrontó la subida con porcentajes cercanos al 10 por ciento sin perder contacto definitivo con la cabeza de carrera.
En la primera parte del alto, Evenepoel adelantó a Mikel Landa sin necesidad de un esfuerzo extraordinario. Esta acción marcó una separación clara entre ambos corredores y coincidió con el anuncio posterior de Landa sobre su regreso al Equipo Euskadi para la siguiente temporada. El ciclista español, que había competido en el Soudal y después en el Red Bull Bora, explicó que la decisión respondía al deseo de rendir tributo a su trayectoria en las carreteras vascas tras una nueva caída en Bélgica.

La reacción en los puertos decisivos
Tras superar las rampas más exigentes de Erlaitz, Evenepoel recuperó terreno en el falso llano que precede al descenso hacia Oiartzun. En ese tramo redujo la diferencia a la mitad y, en los repechos del descenso, se integró en un grupo de unos treinta corredores que afrontaron la ascensión final a Murgil. Ni Richard Carapaz ni los corredores del UAE Team Emirates lograron distanciar al favorito belga de forma definitiva, aunque el ecuatoriano mantuvo una colaboración que le permitió finalizar en segunda posición.
La Clásica de San Sebastián ha evolucionado desde los años ochenta, cuando Marino Lejarreta podía abrir huecos significativos en el alto de Jaizkibel. En la actualidad, el puerto se recorre en pelotón y con desarrollos grandes, lo que ha llevado a la organización a incluir Erlaitz y Murgil para añadir dificultad selectiva. Esta combinación de características de clásica de las Ardenas con puertos locales ha permitido que corredores como Evenepoel destaquen sin necesidad de ataques espectaculares en la parte final.
El contexto histórico y las perspectivas futuras
Evenepoel ya había sorprendido en esta misma prueba en 2019, cuando atacó poco después de pasar a la categoría profesional y se marchó en solitario. Repitió triunfos en 2022 y 2023. El cuarto éxito de este año supera el registro de Lejarreta, aunque el corredor español mantiene un lugar destacado entre los más veteranos seguidores de la prueba. En Eurosport, el comentarista Antonio Alix recordó que acciones similares no se habían visto ni siquiera en la época de Eddy Merckx.
Carapaz, por su parte, demostró una vez más un estilo de carrera que recuerda a ciclistas de generaciones anteriores. Su colaboración con Evenepoel en los kilómetros finales evidenció un enfoque basado en el orgullo y la constancia más que en la táctica digital predominante en el pelotón actual. El resultado confirma que la Clásica de San Sebastián sigue siendo una cita clave en el calendario de agosto, vinculada directamente con el final del Tour de Francia y con la capacidad de los corredores para gestionar esfuerzos acumulados.
Evenepoel ha manifestado su intención de regresar el próximo año con el objetivo de ampliar aún más su palmarés en la prueba. La participación de corredores locales como Landa y la presencia de figuras internacionales consolidan el carácter mixto de la carrera, que combina tradición vasca con exigencias propias del ciclismo contemporáneo.
