El centrocampista Fabian Ruiz, de 30 años, ha relatado cómo la separación de sus padres durante su infancia obligó a su madre a sostener sola a tres hijos con recursos muy limitados. Ella renunció a comidas, sueño y cuidados personales para llevarlo a entrenamientos y partidos en el Betis, mientras trabajaba limpiando vestuarios del club.

Las dificultades económicas eran constantes. Con un sueldo ajustado, la madre cubría vivienda, estudios y desplazamientos. Ruiz reconoce que su hermano mayor y ella asumieron la carga real, mientras que la ayuda de una tía resultó clave para resistir. Con el tiempo, la vergüenza inicial por el trabajo de su madre se transformó en orgullo.
Una vez consolidado en la élite europea, Ruiz retiró a su madre del empleo y garantizó vivienda y vehículo para toda la familia. Su testimonio evidencia que el respaldo incondicional materno, combinado con disciplina propia, superó las barreras materiales y permitió el acceso a la selección española.
