Ferran Torres ha decidido dar el paso de salir del FC Barcelona en el actual mercado de fichajes y ha aceptado la propuesta del Paris Saint Germain, según informaron varios medios y confirmaron a la agencia EFE fuentes cercanas a la operación. La negociación queda ahora pendiente del acuerdo económico entre los clubes, un tramo que el Barcelona afronta con apertura al traspaso, consciente además de la voluntad firme del delantero valenciano.
El movimiento sitúa al jugador, de 26 años, ante el cambio más relevante de su carrera desde que llegó al Camp Nou procedente del Manchester City en el mercado de invierno de la temporada 2021-22. Su contrato con el Barça vencía el 30 de junio de 2027, por lo que la operación no responde a una urgencia contractual inmediata, sino a una convergencia de intereses: el futbolista valora el proyecto deportivo del PSG y el club azulgrana entiende que puede reordenar su plantilla con margen de maniobra en ataque.

La operación se acelera además por el contexto del mercado. El Barcelona ha reforzado este verano las bandas con Anthony Gordon, Karim Adeyemi y Jesse Bisiwu, todos con contrato hasta 2031, y mantiene como gran objetivo a Julián Álvarez, una opción compleja por la negativa del Atlético de Madrid a negociar. En ese escenario, Ferran deja de ser una pieza imprescindible y pasa a encajar más como activo de alto valor que como titular intocable.
Su temporada pasada explica por qué el club todavía defendía una valoración alta. El atacante acabó como el delantero con más partidos disputados del curso entre todas las competiciones, con 49 apariciones, empatado con Marcus Rashford, y fue el segundo máximo goleador del equipo con 21 tantos, solo por detrás de Lamine Yamal y a la altura de Raphinha. Aun así, sus 65 goles y 23 asistencias en 207 partidos oficiales no han bastado para consolidarle como titular indiscutible desde su llegada a Barcelona.
La lectura deportiva es más compleja que una simple decisión de mercado. Ferran ha producido cifras importantes, pero su papel ha oscilado entre la utilidad y la competencia interna, sin alcanzar una jerarquía estable. Esa condición de jugador relevante pero no fijo explica que el Barça se muestre dispuesto a escuchar ofertas mientras busca sostener su capacidad competitiva sin cerrar la puerta a una venta que pueda aliviar o equilibrar la planificación.
En el PSG, Luis Enrique aparece como un factor decisivo. El técnico ya apostó por Ferran cuando dirigía a la selección española y sigue valorando su perfil, algo relevante para un club que necesita reforzar su ataque tras las salidas de Gonçalo Ramos y Randal Kolo Muani, y ante la posible marcha de Bradley Barcola. La necesidad del campeón europeo y la sintonía previa entre entrenador y futbolista explican que la operación haya ganado tracción en muy poco tiempo.
El propio Ferran había evitado pronunciarse con claridad sobre su futuro cuando fue preguntado en varias ocasiones desde que trascendió el interés parisino. En una entrevista reciente en Estados Unidos, resumió su posición con cautela: recordó que tiene contrato, afirmó que en el fútbol nada está cerrado y añadió que, para seguir, el Barça debía demostrarle que lo quiere. La frase reflejaba una negociación silenciosa que ahora, con la aceptación de la propuesta del PSG, entra en su fase decisiva.
