Ferran Torres ha explicado el significado de la gorra con el lema «Make Spain Great Again» que llevó durante la celebración del Mundial de España en Madrid. En una entrevista concedida a la CNN, el delantero del FC Barcelona aseguró que el accesorio no pretendía transmitir ningún mensaje político y que únicamente lo utilizó como una broma dentro del ambiente festivo posterior al triunfo. «Honestamente, yo no sé de política», afirmó el internacional español.
La declaración llega después de varias semanas en las que el futbolista se ha convertido en uno de los principales protagonistas de la actualidad deportiva y mediática. Torres marcó el 19 de julio el gol que dio a España su segundo título mundial y pasó, en pocos minutos, de desempeñar un papel relevante en el equipo a ocupar el centro de la celebración nacional. Su actuación y su exposición pública han alimentado además informaciones sobre su futuro en el Barcelona, sus vacaciones y su relación con otros jugadores de la selección.
Una gorra que trascendió la celebración
El episodio que más debate generó se produjo durante la tradicional caravana por Madrid. Torres apareció en el autobús de los campeones con una gorra roja en la que podía leerse «Make Spain Great Again», una adaptación del conocido lema «Make America Great Again», asociado a Donald Trump. La imagen circuló rápidamente por las redes sociales y fue difundida en varias ocasiones por el propio presidente estadounidense, lo que amplificó la repercusión de un gesto inicialmente limitado al contexto de la fiesta.

El lema remite directamente a la consigna que Trump popularizó durante su carrera presidencial. Aunque el empresario registró legalmente la frase, su origen político es anterior: Ronald Reagan ya utilizó en 1980 una formulación equivalente, «Let’s Make America Great Again», en un contexto marcado por la inflación y la crisis económica. Años después, Bill Clinton recurrió también a una expresión similar en distintos actos políticos. La versión exhibida por Torres trasladó esa referencia al terreno deportivo y nacional, aunque su parecido con el eslogan estadounidense hizo inevitable la lectura política.
Torres sostiene que esa interpretación no correspondía a su intención. «No fue algo sobre política. Fue solo ver a España en la cima de nuevo, ganando el Mundial», explicó. Según su relato, la gorra formaba parte de un momento compartido con sus amigos y su familia, sin relación con una posición ideológica concreta. La aclaración intenta separar el valor simbólico que adquirió la imagen de la voluntad real del jugador al utilizarla.
Críticas políticas y una polémica paralela
La explicación del futbolista no evitó que recibiera críticas desde algunos sectores políticos. Alberto Ibáñez, diputado de Sumar, cuestionó públicamente a Torres y lo acusó de comportarse como un especulador inmobiliario por disponer de más de una veintena de propiedades a través de una sociedad. La acusación vinculaba parte de esos activos con la posibilidad de que la empresa funcionara como un fondo buitre, una interpretación que añadió una dimensión política y patrimonial a la polémica de la gorra.
La información sobre los bienes del jugador ofrece, sin embargo, un cuadro diferente al planteado en aquellas críticas. Torres posee cuatro viviendas residenciales, mientras que el resto de los activos de su sociedad corresponden a un bloque terciario situado en Valencia, con oficinas alquiladas a pequeñas y medianas empresas. La distinción es relevante porque no equivale disponer de un inmueble destinado a actividad empresarial a mantener una cartera de viviendas residenciales para su explotación. El caso muestra cómo una imagen viral puede conectarse con otros asuntos ajenos al terreno deportivo y aumentar la presión sobre una figura pública.
La controversia también evidencia la dificultad de separar por completo el gesto privado de su interpretación pública cuando interviene un deportista de gran visibilidad. La gorra podía funcionar como una simple parodia del lema estadounidense, pero su contenido reconocible y la difusión posterior de Trump modificaron el alcance de la escena. La respuesta de Torres busca devolverla a su contexto original: una celebración espontánea después de una victoria, no una declaración partidista.
El recuerdo de un gol que aún intenta reconstruir
En la misma entrevista, Torres desplazó el foco hacia el momento decisivo de la final y contó una anécdota sobre el gol del 19 de julio. El atacante confesó que, cuando terminó el encuentro, tuvo que acudir al vestuario porque no recordaba con precisión cómo había marcado y necesitaba volver a ver la jugada. La reacción ilustra la intensidad de una final que, según sus propias palabras, le dejó sin capacidad para reconstruir inmediatamente la acción que había decidido el campeonato.
Ese gol es el origen de la notoriedad extraordinaria que Torres ha adquirido en las últimas semanas. La celebración en Cibeles, sus gestos durante la actuación de Ana Mena y la gorra del autobús se sumaron a la repercusión deportiva para construir una narrativa alrededor del jugador. En paralelo, el Barcelona afronta la expectativa sobre la decisión que el futbolista medita respecto a su futuro en el club azulgrana, un asunto que podría mantenerlo en el primer plano una vez concluya el ciclo de homenajes por el título.
Por ahora, Torres ha optado por rebajar el componente político de la polémica y reivindicar el carácter festivo de su actuación. La aclaración no elimina las distintas lecturas que provocó la gorra, pero sí fija la posición del protagonista: fue una broma compartida durante la celebración del Mundial y no una adhesión a un programa político. El episodio, mientras tanto, queda ligado a la imagen de un delantero que pasó de marcar el gol más importante de su carrera a convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la nueva campeona del mundo.
