La presión sobre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aumentó este miércoles después de que el exfutbolista portugués Luis Figo reclamara públicamente su salida, mientras el organismo rector del fútbol mundial celebraba una reunión de crisis con altos funcionarios. El encuentro se produjo tras el abandono de un controvertido proyecto para permitir la participación de inversores privados en los derechos comerciales y operativos de la Copa Mundial y de otros torneos importantes.
Figo formuló sus críticas en un artículo de opinión obtenido por CNN y publicado originalmente por el Daily Mail. El antiguo jugador del Barcelona, el Real Madrid y la selección portuguesa describió la conducta atribuida a Infantino como “el comportamiento más bajo, engañoso y cobardemente egoísta” que había presenciado. “Infantino debe irse”, escribió, al resumir en esa frase su posición sobre la actual crisis institucional.
Una propuesta que provocó una reacción inmediata
La controversia comenzó la semana pasada, cuando Infantino y la FIFA plantearon crear una entidad independiente que incluiría capital privado y asumiría el control de determinados derechos comerciales y operativos vinculados con la Copa del Mundo. El proyecto fue presentado como una posible vía para generar recursos y ampliar la inversión en el fútbol, pero sus detalles financieros, la estructura de control y las condiciones de una eventual venta de participaciones despertaron fuertes dudas.
La oposición se extendió rápidamente entre aficionados y organizaciones rectoras del fútbol nacional y continental. La UEFA afirmó que “el alma y la gobernanza del fútbol no son bienes con los que se pueda comerciar”, una declaración que reflejó el temor de que activos estratégicos del deporte quedaran condicionados por intereses financieros privados.

Ante la reacción, Infantino dio marcha atrás y el plan fue descartado. La retirada no puso fin, sin embargo, al debate sobre la gestión de la FIFA. Uno de los principales asesores del presidente, Carlos Cordeiro, dimitió la semana pasada en señal de protesta, un episodio que añadió una dimensión interna a las críticas procedentes de federaciones y confederaciones.
El argumento de Figo contra el capital privado
Figo sostuvo que el proyecto no era una solución sólida porque no explicaba con suficiente transparencia cuáles serían los beneficios para los fondos de capital privado ni cómo se protegerían los intereses del fútbol a largo plazo. También cuestionó que, una vez vendida una participación, esta pudiera perderse de forma permanente para las futuras generaciones de dirigentes.
La objeción plantea una cuestión central para la FIFA: si los ingresos inmediatos justifican transferir parte del control sobre una competición cuya relevancia económica, cultural y política se extiende mucho más allá de un ciclo comercial. La Copa Mundial constituye la principal fuente de visibilidad y recursos del organismo, por lo que cualquier modificación sobre su propiedad o explotación puede afectar tanto a la autonomía de la FIFA como a la capacidad de sus sucesores para tomar decisiones.
La FIFA había defendido previamente que el dinero generado por la iniciativa se reinvertiría en el deporte. Esa explicación no convenció a sus críticos, que reclamaron conocer quién asumiría el control, cómo se distribuirían los beneficios y qué mecanismos de supervisión existirían. La ausencia de respuestas públicas detalladas contribuyó a que la propuesta fuera interpretada como un intento de monetizar activos fundamentales sin un debate suficiente entre las instituciones del fútbol.
Apoyos divididos entre las confederaciones
La reacción internacional no fue completamente uniforme. Los organismos rectores de Europa, Asia y América del Norte y Central criticaron la propuesta, mientras que la Confederación Africana de Fútbol todavía no había emitido una posición pública. Según Reuters, cinco de los administradores más importantes del fútbol africano expresaron su respaldo a Infantino.
La diferencia de posiciones también refleja las desigualdades económicas entre las regiones. El fútbol africano depende en mayor medida de los fondos distribuidos por la FIFA que otras confederaciones. Para varias federaciones, cualquier iniciativa que prometa aumentar los ingresos destinados al desarrollo puede resultar atractiva, aunque persistan interrogantes sobre las condiciones y el control de esos recursos.
Ese contexto ayuda a explicar por qué la disputa no se limita a una discusión sobre finanzas. La estructura de financiación de la FIFA influye directamente en las relaciones de poder entre sus 211 federaciones miembro. Un proyecto capaz de aumentar los ingresos, pero que genere desconfianza entre las principales confederaciones, puede terminar debilitando la autoridad política del presidente incluso si sus objetivos económicos fueran viables.
Un revés para un presidente con amplio respaldo
Figo acusó a Infantino de haber degradado el cargo que prometió fortalecer y de haber intentado beneficiarse a sí mismo y a sus allegados a costa del deporte. Se trata de acusaciones graves. Infantino no se ha pronunciado públicamente sobre ninguna imputación de corrupción, y la FIFA no había respondido al cierre de la información a la solicitud de comentarios de CNN.
La dimensión política del episodio es especialmente significativa porque, apenas unas semanas antes, Infantino supervisaba la preparación de la Copa Mundial y, según informaciones previas, había recibido cartas de apoyo para su reelección de cerca de 200 de las 211 federaciones miembro. El abandono del plan y la dimisión de Cordeiro ponen en duda la solidez de ese respaldo, aunque no permiten concluir por sí solos que exista un proceso organizado para sustituirlo.
La reunión de crisis de este miércoles deberá afrontar precisamente esa brecha entre respaldo formal y confianza institucional. Para recuperar margen de maniobra, la FIFA tendrá que aclarar qué ocurrió con la propuesta, quién la diseñó, qué controles existían y si pretende reabrir en el futuro un debate sobre la participación privada. El conflicto deja una advertencia para la organización: en un deporte cada vez más dependiente de grandes ingresos comerciales, la falta de transparencia puede convertir una iniciativa financiera en una crisis de gobernanza.
