La Finalissima entre España y Argentina se disputa también en Spa-Francorchamps. El equipo de Carlos Sainz, con el piloto de Williams al frente, Roberto Merhi, Carlos Oñoro y Borja Presol, apareció en el circuito belga con camisetas de España y dorsales personalizados. El dorsal 55 de Sainz unifica el grupo, que prioriza el partido sobre la carrera de Fórmula 1, donde las opciones españolas son limitadas.

Franco Colapinto, piloto de Alpine, entró al paddock con la albiceleste y una bandera que incluye a Messi y Maradona. Esta coincidencia entre dos países que aspiran a ser campeones del mundo en el mismo año no tiene precedentes en la historia de la Fórmula 1. Los casos más cercanos, como 1996 o el error estratégico de Ferrari en Abu Dhabi 2010, muestran cómo detalles menores alteran trayectorias simultáneas.
La prensa española organiza su visionado tras doce horas de trabajo, con opciones que van desde la radio en carretera hasta aeropuertos cercanos. El cruce de pasiones entre automovilismo y fútbol revela que los circuitos funcionan como escenarios paralelos donde las identidades nacionales se miden con la misma intensidad que en los estadios.
