Diego Forlán dejó huella indeleble en el Atlético de Madrid entre 2007 y 2011. En 198 partidos oficiales anotó 96 goles, conquistó la Europa League de 2010 y la Supercopa de Europa, y recibió el Trofeo Pichichi y la Bota de Oro. Su rendimiento en el Mundial de Sudáfrica 2010, donde fue elegido mejor jugador, reforzó su estatus como referente ofensivo del club rojiblanco.

Tras su salida en 2011, el uruguayo inició un periplo marcado por lesiones y adaptaciones irregulares. En el Inter de Milán disputó solo 20 partidos y marcó dos goles; luego pasó por Internacional de Porto Alegre, Cerezo Osaka, Peñarol (donde ganó el Campeonato Uruguayo 2015-16), Mumbai City y Kitchee. Esta trayectoria ilustra cómo el declive físico puede limitar incluso a delanteros de élite.
De la cancha al análisis
Una vez retirado, Forlán dirigió a Peñarol y al Atenas de San Carlos. Hoy ejerce como analista y embajador internacional del Museo de la FIFA. Su transición evidencia la capacidad de los futbolistas de alto nivel para reconvertir su experiencia en roles institucionales que preservan el legado del deporte. El Atlético, en particular, sigue reconociendo en él a uno de sus máximos ídolos recientes por el impacto medible de sus goles y títulos.
