Luego de la victoria de España en el Mundial 2026, Gavi minimizó las agresiones ocurridas tras el pitazo final en el MetLife Stadium. El mediocampista del Barcelona afirmó que ni Leandro Paredes ni otros jugadores argentinos merecen sanciones de la FIFA. Según él, los incidentes debieron resolverse únicamente en el campo de juego.

Esta postura revela una visión arraigada en el fútbol profesional: la justicia interna del partido prevalece sobre castigos posteriores. Gavi reconoció que las imágenes no son positivas para los niños, pero las enmarcó como parte inherente de la competitividad extrema que caracteriza las finales mundialistas. La cadena de empujones y forcejeos, iniciada por un golpe de Molina y seguida por la acción de Paredes contra Eric García, ilustra cómo la euforia y la frustración pueden desbordarse en segundos.
La FIFA continúa el análisis de las imágenes. Sin embargo, la defensa de Gavi añade un matiz clave: priorizar la continuidad del espectáculo por encima de sanciones que podrían alterar el equilibrio competitivo. El episodio confirma que el fútbol de élite sigue tolerando un margen de agresividad física como parte de su identidad histórica.
