Gianni Infantino, presidente de la FIFA, respondió de forma directa a quienes cuestionaron el desarrollo del Mundial 2026 celebrado en Canadá, México y Estados Unidos. En una carta abierta difundida a través del sitio oficial de la organización y en sus redes sociales, el dirigente suizo acusó a los críticos de propagar “odio y rumores falsos” y sostuvo que el torneo solo generó “alegría y felicidad”. La intervención llega después de meses de señalamientos sobre el precio de las entradas, las dificultades para obtener visados y las tensiones geopolíticas que rodearon la participación de algunas selecciones.
Contenido de la carta y tono adoptado
Infantino dirigió sus palabras a quienes, según él, se parapetaron “tras sus plumas, sus papeles y sus pantallas”. El texto enfatiza que, mientras los detractores difundían críticas, la FIFA trabajó “sin descanso” para organizar el evento. El presidente de 56 años invitó a los lectores a “reflexionar, meditar, rezar o ver un partido de fútbol” en lugar de continuar con lo que considera una campaña negativa. Destacó especialmente que no se registraron incidentes de violencia y que la seguridad se mantuvo en niveles absolutos durante las seis semanas de competencia.
Reacciones previas al torneo y preocupaciones iniciales
Los meses anteriores al inicio del certamen estuvieron marcados por advertencias sobre el elevado costo de los boletos, el posible impacto de un verano caluroso en las tres sedes y las tensiones derivadas de conflictos internacionales. La presencia de Irán en el torneo, en medio de la guerra con Estados Unidos, generó especial atención sobre los procedimientos de entrada al país norteamericano. A ello se sumaron la crisis interna en Haití y la epidemia de ébola en República Democrática del Congo, que aumentaron el escrutinio sobre las políticas de visados.

El caso del árbitro somalí y las restricciones migratorias
Uno de los episodios que concentró mayor atención mediática fue la negativa de entrada a Estados Unidos al árbitro somalí Omar Artan. Este hecho fue interpretado por algunos observadores como reflejo de la política migratoria impulsada por la administración de Donald Trump. Infantino, sin embargo, contrapuso este caso con el éxito en la tramitación de visados para la selección iraní, que logró ingresar al país sin incidentes. Según el presidente de la FIFA, el fútbol actuó como factor de paz y permitió superar barreras políticas que en otros contextos habrían impedido la participación.
Argumentos sobre la concesión de visados
En su carta, Infantino señaló que se otorgaron permisos de entrada a países que enfrentaban graves problemas sanitarios o inestabilidad institucional. Reconoció que algunos solicitantes fueron rechazados, pero subrayó que millones de personas de todo el mundo recibieron autorización para viajar. Esta defensa busca equilibrar la narrativa que se centró en los casos denegados y minimizó el volumen de aprobaciones. La FIFA presentó estos datos como prueba de que los procedimientos, aunque estrictos, no impidieron el normal desarrollo del torneo.
Respuesta a las críticas arbitrales y la intervención de Trump
Infantino también abordó las quejas sobre decisiones arbitrales, especialmente tras revelarse que Trump contactó personalmente al presidente de la FIFA para solicitar la revocación de la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun. El atacante pudo así disputar el partido de octavos de final contra Bélgica. El dirigente suizo indicó que tales intervenciones no son excepcionales y que decisiones controvertidas o sanciones disciplinarias “extrañas” ocurren con frecuencia en las principales ligas europeas y sudamericanas. Añadió que los registros públicos permiten verificar que estas prácticas están ampliamente aceptadas en el fútbol profesional de alto nivel.
Posicionamiento de la FIFA frente a los medios
La carta establece una clara distinción entre quienes organizan el evento y quienes lo observan desde fuera. Infantino presenta a la FIFA como una institución que opera en primera línea, gestionando logística, seguridad y relaciones diplomáticas, mientras acusa a ciertos medios y comentaristas de limitarse a difundir desinformación. Esta postura refleja una tensión recurrente entre el organismo rector del fútbol y parte de la prensa internacional, que en ediciones anteriores ya había cuestionado aspectos como la expansión del calendario o la distribución de sedes.
Balance entre logros organizativos y cuestionamientos persistentes
El texto de Infantino resalta la ausencia de violencia y la atmósfera de alegría que, según él, predominó en los estadios. Al mismo tiempo, omite referencias detalladas a las quejas sobre precios de entradas o al impacto del calor en algunas sedes. Esta selección de argumentos permite a la FIFA reivindicar el éxito deportivo y logístico del torneo, aunque deja abiertas preguntas sobre la accesibilidad económica y los efectos de las condiciones climáticas en la experiencia de los espectadores. Observadores independientes coinciden en que el torneo transcurrió sin incidentes graves de seguridad, pero también señalan que los costos elevados limitaron la presencia de aficionados locales en varias sedes.
La intervención de Infantino añade un nuevo capítulo a la relación entre la FIFA y sus críticos. Al invitar a los detractores a “ver un partido de fútbol”, el presidente suizo busca desplazar el debate desde las controversias hacia la experiencia deportiva misma. Queda por verse si esta estrategia logrará modificar la percepción pública o si, por el contrario, reforzará la imagen de una organización que prioriza la defensa institucional sobre el diálogo con quienes señalan sus fallas.
