Balance positivo antes de LaLiga
Claudio Giráldez hizo este domingo un balance favorable de la pretemporada del equipo, todavía pendiente de movimientos en la plantilla y con todas las fichas ocupadas a la espera de posibles salidas y entradas. El técnico del Celta, en una fase todavía abierta de configuración del grupo, subrayó que el trabajo de estas semanas ha servido para avanzar en la preparación colectiva y para reforzar la base física y competitiva de cara al inicio liguero.
Su lectura llega después del amistoso frente al Nápoles, un rival de Champions que exigió al equipo gallego en un tramo especialmente áspero del encuentro. Giráldez reconoció que el inicio fue claramente desfavorable: “Nos costó muchísimo los primeros 20-25 minutos”, explicó, aludiendo a una presión mal ajustada y a la velocidad de circulación del conjunto italiano, que impidió al Celta salir con continuidad desde atrás. Aun así, destacó que el equipo fue encontrándose con el paso de los minutos y que en la segunda parte ofreció una versión más sólida.
En ese contexto, el entrenador entendió el empate como una consecuencia del crecimiento mostrado durante el partido y también como una señal de competitividad en un encuentro amistoso que no dejó de tener exigencia. “El equipo demostró ganas de ganarlo”, resumió, poniendo el acento en la reacción tras un arranque en el que el rival fue claramente superior. La lectura técnica fue prudente, sin exagerar el valor del resultado, pero sí subrayando la capacidad del grupo para corregirse dentro del propio encuentro.

La prueba del verano y sus límites
Giráldez también quiso relativizar el peso de la pretemporada como termómetro definitivo. A su juicio, estas semanas sirven sobre todo para preparar al equipo, no para extraer conclusiones cerradas. El técnico insistió en que no es comparable la tensión de un partido de Liga con la de un amistoso, por muy exigente que sea el adversario. En ese sentido, su diagnóstico combina satisfacción por el trabajo acumulado y cautela ante la falta de una referencia real hasta que empiece la competición.
Su mensaje apunta a una idea concreta: la pretemporada puede dejar señales, pero no sentencias. El equipo, afirmó, llegará “preparado física y mentalmente” al estreno liguero, aunque será la jornada uno la que marque el verdadero nivel de ajuste. Esa reflexión cobra importancia en un contexto en el que todavía hay margen para movimientos en la plantilla y en el que el rendimiento colectivo dependerá tanto del estado del grupo como de la resolución del mercado.
Cantera, hueco competitivo y el caso Faye
Más allá del primer equipo, Giráldez se mostró satisfecho con la respuesta de la cantera, una de las líneas que más peso han tenido en el trabajo veraniego. Valoró la actitud diaria de los jóvenes y su capacidad para competir con futbolistas ya asentados. Citó de forma expresa a Anxo, Antañón y Burcio, a quienes ve preparados para alternar minutos entre el Fortuna y la dinámica del primer equipo con ficha del filial, una fórmula que mantiene abierto el vínculo entre formación y élite.
El técnico también se refirió al ascenso de Hugo González al primer equipo como una muestra más de la salud del trabajo de base, y aprovechó para explicar el debut de Faye, al que definió como una apuesta aún en fase de integración. Admitió que su puesta en escena fue casi obligada por la necesidad de verle competir antes del inicio liguero, después de apenas una sesión con el grupo. Por eso pidió paciencia: destacó su buen pase, su calma con balón y su capacidad para corregir, pero recordó que necesita semanas para entender mecanismos, automatismos defensivos y modos de relación con sus compañeros. En su balance final, Giráldez dejó una idea nítida: el equipo ha crecido, pero el verdadero examen empieza ahora.
