Enzo Fernández anotó el gol del empate para Argentina a los 85 minutos con un potente disparo desde fuera del área que se clavó junto al poste izquierdo del arco de Jordan Pickford. La jugada se originó en el sector derecho tras un córner ejecutado corto por Messi hacia De Paul y devuelto al capitán, quien frenó el ataque en el momento preciso para asistir hacia atrás al volante central.

El tanto representa el premio a la insistencia de Fernández, quien ya había intentado tres remates desde media distancia sin éxito durante el partido. En su cuarto intento logró la precisión necesaria y mantuvo con vida a la selección en un encuentro donde el arquero inglés parecía imbatible hasta ese momento.
Este gol revela un patrón claro en el juego argentino: la capacidad de generar ocasiones repetidas desde fuera del área cuando las opciones interiores se cierran. La decisión de Messi de asistir hacia atrás en lugar de forzar el remate propio demuestra lectura táctica y confianza en el mediocampo, un recurso que suele marcar la diferencia en partidos de alto ritmo.
La jugada también subraya cómo la persistencia individual puede alterar el resultado colectivo. Fernández no varió su estrategia pese a los intentos fallidos previos y encontró el momento exacto para ejecutar con mayor potencia y colocación. Ese tipo de resiliencia resulta determinante en instancias donde el margen de error es mínimo y cada disparo cuenta.
