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Gorosito expone crisis dirigencial en San Lorenzo

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El entrenador Néstor Gorosito negó haber ordenado la separación de siete jugadores del plantel profesional de San Lorenzo y obligó al club a revertir la medida. Según sus palabras en conferencia de prensa, la decisión partió exclusivamente de la dirigencia, de la que él se definió como un simple empleado. La institución rectificó de inmediato y reincorporó a Guzmán Corujo, Gonzalo Alassia, Francisco Perruzzi, Mauricio Cardillo, Franco Loronzón, Gregorio Rodríguez y Diego Herazo, quienes retomaron los entrenamientos junto al resto del grupo.

Atribución de culpas y poder real del entrenador

Esta secuencia revela un patrón recurrente en el fútbol argentino: la tendencia a desplazar la responsabilidad hacia el cuerpo técnico cuando las decisiones generan rechazo interno. Gorosito optó por aclarar que no participó en la elaboración de la lista, lo que evitó que la medida erosionara su autoridad ante el plantel. En paralelo, la resolución de reincorporar a los jugadores demuestra que la dirigencia carece de un plan coherente y actúa de forma reactiva ante la presión mediática y del vestuario. El episodio coincide casi exactamente con la lista que Gustavo Álvarez había elaborado antes de su salida, lo que sugiere que la medida respondía más a una limpieza heredada que a una estrategia del nuevo entrenador.

La falta de alineación entre el proyecto deportivo y las decisiones administrativas genera un vacío de liderazgo que afecta directamente el rendimiento colectivo. Cuando el entrenador debe desmentir públicamente al club, se instala una desconfianza que los jugadores perciben de inmediato. Este tipo de fisuras suele traducirse en menor compromiso dentro del campo y en dificultades para imponer disciplina a mediano plazo.

El pedido de auxilio a Tinelli y Lammens

Gorosito describió la situación institucional como “difícil y angustiante” y solicitó ayuda explícita a Mauricio Macri, Marcelo Tinelli y Matías Lammens. El reclamo trasciende lo deportivo y apunta al deterioro económico que lleva años alejando al club de las competiciones relevantes. La mención de figuras externas con peso político o mediático indica que la dirigencia actual no cuenta con capacidad de gestión suficiente para revertir el déficit estructural. En un contexto donde los ingresos por televisión y patrocinios han caído, la dependencia de aportes externos se vuelve cada vez más evidente.

El entrenador también desmintió versiones sobre un contrato millonario y señaló que el 80 % del plantel percibe sueldos superiores al suyo. Esta aclaración busca neutralizar el posible descrédito entre los jugadores y refuerza la imagen de un técnico que prioriza la pertenencia por encima de beneficios personales. Sin embargo, la necesidad de desmentir tales rumores ya evidencia el clima de sospecha que rodea cualquier movimiento en el club.

Requerimientos para el mercado y retención de piezas clave

Gorosito insistió en la necesidad de incorporar “jugadores hombres” con experiencia para acompañar a los juveniles, en lugar de seguir apostando por promesas sin rodaje suficiente. La continuidad de Orlando Gill, Jhohan Romaña y Alexis Cuello aparece como condición indispensable para sostener el nivel competitivo. Si alguno de ellos se marcha, el club deberá reemplazarlo de inmediato para afrontar la Copa Argentina, donde un eventual triunfo enfrentaría al equipo con Gimnasia en los octavos de final.

La dependencia de tres o cuatro futbolistas consolidados revela una plantilla desequilibrada que carece de recambio de calidad. Sin refuerzos de perfil maduro, el riesgo de que los jóvenes se expongan a exigencias excesivas aumenta, lo que puede derivar en lesiones o en una pérdida de confianza colectiva. El mercado de pases, por lo tanto, deja de ser una herramienta de mejora y se convierte en un requisito de supervivencia.

Perspectivas cruzadas entre actores del club

Desde la óptica de la dirigencia, la separación inicial de los jugadores pudo interpretarse como un intento de reducir masa salarial y enviar señales de orden interno. Para los futbolistas afectados, la medida generó incertidumbre y la posterior reincorporación reforzó la percepción de inestabilidad. El cuerpo técnico, por su parte, priorizó preservar su vínculo con el grupo y evitó quedar asociado a una decisión impopular. Los hinchas, mientras tanto, observan cómo estos vaivenes internos se superponen a la falta de resultados deportivos y a la ausencia del club en las principales discusiones del fútbol local.

Cada uno de estos actores opera con incentivos distintos: la dirigencia busca equilibrio financiero, el entrenador necesita autoridad y resultados, los jugadores defienden su lugar y continuidad, y la hinchada exige competitividad. La superposición de estos intereses sin un mecanismo de coordinación genera el círculo vicioso que Gorosito describió.

Riesgos estructurales y escenarios futuros

Si San Lorenzo no logra estabilizar su conducción y atraer recursos genuinos, el club podría enfrentar una salida masiva de jugadores con mayor valor de mercado, lo que agravaría la dependencia de juveniles sin experiencia. La falta de refuerzos adecuados antes del inicio del semestre aumenta la probabilidad de eliminaciones tempranas en la Copa Argentina y de un torneo local irregular. Además, la exposición pública de las tensiones internas puede complicar futuras negociaciones con agentes y sponsors que perciben inestabilidad.

El escenario más favorable requiere que la dirigencia acepte un rol subordinado al proyecto deportivo y que se concrete un plan de ingresos que no dependa exclusivamente de figuras externas. Sin esa coordinación, el llamado de Gorosito a Tinelli y Lammens quedará como un síntoma más de una institución que sigue postergando las reformas estructurales necesarias para recuperar su lugar en el fútbol argentino.

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