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Gorosito pide tiempo tras el clásico

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Néstor Gorosito dejó una lectura firme y sin dramatismo público después de la derrota de San Lorenzo por 2 a 0 ante Huracán, en el Nuevo Gasómetro. El entrenador reconoció el impacto del resultado, pero insistió en que el equipo atraviesa una etapa de construcción acelerada, con futbolistas recién incorporados, otros que venían de largos períodos de inactividad y un margen de trabajo todavía acotado por el calendario. Su mensaje, repetido varias veces durante la conferencia, fue claro: el problema central no pasa por la entrega, sino por los tiempos de ensamblaje de un plantel que todavía no termina de conocerse.

Un golpe que excede el marcador

La caída tuvo una carga especial por tratarse del clásico y por haberse producido en condición de local. Gorosito no intentó minimizar ese dato. Admitió que perder “en tu casa es cien veces más doloroso” y subrayó que el contexto agrava cualquier análisis: en 15 días, San Lorenzo disputó cuatro partidos y aún no logró estabilizar funcionamiento ni resultados. El diagnóstico del técnico fue doble: por un lado, el desgaste competitivo; por otro, la necesidad de integrar a jugadores que llegaron hace apenas cuatro, cinco o seis días, con ritmos físicos desparejos y escaso tiempo de entrenamiento conjunto.

El entrenador sostuvo que la respuesta del plantel no está en discusión. Según explicó, todos se brindan al máximo en los entrenamientos y en los partidos, pero eso no alcanza cuando faltan precisión, automatismos y lectura compartida de las jugadas. En su visión, el equipo pierde por errores más conceptuales que de concentración. También remarcó que en el fútbol actual, una mala decisión con la pelota en zonas comprometidas se paga de inmediato, y que ese margen estrecho se sintió con especial dureza ante un rival que supo aprovechar sus momentos.

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Reacomodos, lesiones y una expulsión decisiva

La explicación de Gorosito también se apoyó en la estructura incompleta del equipo. Señaló que jugadores como Arboleda y Río llegaron con pocos entrenamientos, que Del Prete y Amor se sumaron sobre la marcha, y que esa realidad obliga a acelerar procesos que normalmente requieren más tiempo. En paralelo, recordó que San Lorenzo arrastra tres laterales derechos lesionados, una ausencia que condicionó toda la planificación del partido. Blanco, que había bajado a Reserva, fue convocado de urgencia y debutó, mientras que la expulsión de Gill forzó una reconfiguración inmediata de la línea defensiva.

Ese contexto, según el técnico, terminó de inclinar la balanza en el segundo tiempo. Con la expulsión, el equipo perdió orden y se vio obligado a improvisar, incluso con Córdoba desempeñándose como lateral derecho en una función que ya había sido ensayada, pero que no estaba pensada para ese tramo del encuentro. Huracán encontró el gol en ese período y, con la superioridad numérica, alteró por completo el desarrollo. San Lorenzo tuvo empuje, admitió Gorosito, pero no encontró claridad suficiente para lastimar.

El pedido a la tribuna y la lectura de fondo

Más allá del análisis futbolístico, Gorosito eligió dedicar parte de su mensaje a la relación con los hinchas. Dijo que el insulto no conduce a nada y que el plantel necesita sostenerse unido, tanto por la carga emocional del clásico como por la etapa de reconstrucción en la que está inmerso. El punto no es menor: la conferencia dejó la impresión de un cuerpo técnico que asume la responsabilidad del presente, pero que al mismo tiempo intenta instalar una lectura de proceso en un escenario donde la urgencia suele mandar.

La tensión entre ambas cosas define hoy el momento de San Lorenzo. El club cayó ante su rival de barrio, volvió a exhibir problemas de funcionamiento y prolongó una secuencia que todavía no despega en el arranque del campeonato. Gorosito, sin embargo, se aferra a una idea: con más tiempo de trabajo, mayor conocimiento entre los futbolistas y la recuperación física de los que vienen retrasados, el equipo puede mejorar. El desafío inmediato será sostener ese argumento en la cancha, porque en los clásicos la paciencia suele durar mucho menos que las explicaciones.

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