Pep Guardiola comunicó personalmente a Paolo Maldini su negativa a asumir la selección italiana. La oferta, impulsada por la Federación Italiana de Fútbol, buscaba un perfil de alto nivel tras la dimisión de Gennaro Gattuso en abril. El técnico catalán valoró la propuesta durante varios días, pero mantuvo su decisión de alejarse temporalmente de los banquillos tras una década en el Manchester City.

El rechazo se fundamenta en dos razones principales: el deseo de priorizar su vida familiar y las dificultades inherentes al rol de seleccionador, que limita el contacto diario con los jugadores. Guardiola no llegó a discutir condiciones económicas, lo que subraya que su negativa respondía a convicciones personales más que a aspectos contractuales.
Italia, sin clasificar al Mundial, necesita reconstruir su proyecto a largo plazo. La negativa de Guardiola deja a Andrea Pirlo como principal candidato, mientras se mantiene el contacto con Carlo Ancelotti y se evalúa un posible retorno de Roberto Mancini. La elección final definirá si la FIGC apuesta por continuidad o por una renovación profunda del estilo de selección.
