Pep Guardiola ha rechazado la oferta de la federación italiana de fútbol para dirigir a la Azzurra. Tras más de cinco días de reflexión, el técnico catalán priorizó su descanso y el tiempo con su familia, tal como anunció al dejar el Manchester City en mayo. Aunque valoró la propuesta, que incluía libertad total para reformar el sistema del calcio, las circunstancias personales pesaron más que el atractivo de un proyecto a largo plazo.

La decisión de Guardiola expone las tensiones entre ambición profesional y equilibrio personal. Italia, cuatro veces campeona del mundo, ha quedado fuera de los últimos tres Mundiales y ha cambiado siete entrenadores desde 2014. La federación, con Giovanni Malagò al frente, reconoció que fichar al catalán exigiría un desembolso importante, pero el dinero no fue el factor decisivo. Maldini, nuevo director técnico, señaló que la cuestión era más de corazón que económica.
Si Ancelotti también declina, las opciones se reducen a Pirlo, Mancini y Conte. El primero cuenta con el respaldo de Maldini, pero carece de experiencia consolidada. Mancini ya dirigió a Italia entre 2018 y 2023, mientras que Conte genera apoyo popular pese a su paso reciente por Arabia Saudí. El rechazo de Guardiola deja a la federación ante un dilema estructural: necesita un nombre de peso para recuperar prestigio, pero el momento actual no favorece compromisos de alto perfil.
