Guillermo Barros Schelotto pasó de analizar con calma el empate de Vélez ante Boca a abandonar de forma abrupta la conferencia de prensa cuando escuchó una consulta informal de un integrante del área de prensa xeneize. El episodio ocurrió al final de la rueda posterior al 1-1 en La Bombonera, cuando el entrenador del Fortín ya había repasado el desarrollo del partido, había reconocido la superioridad de Boca en el segundo tiempo y había vuelto a destacar la figura de Leandro Paredes.
La secuencia se produjo en el tramo final de una exposición que se había desarrollado sin sobresaltos. Guillermo respondía preguntas de los periodistas y, una vez concluida su intervención, debía tomar la palabra Rodolfo Arruabarrena. Sin embargo, la conferencia se prolongó más de lo previsto y, en ese contexto, una persona del área de prensa de Boca consultó en voz baja cuánto faltaba para que terminara la presentación del técnico de Vélez. La intención fue que el entrenador no escuchara el comentario, pero la frase llegó a sus oídos.

La reacción de Guillermo fue inmediata. “¿Querés que me vaya? ¡Me voy! Además viene el Vasco”, lanzó antes de levantarse de su silla y dar por terminada la conferencia delante de los presentes. La salida sorprendió a periodistas y colaboradores, aunque no alteró el clima general del postpartido ni derivó en un conflicto mayor. Minutos después quedó claro que el episodio no había pasado de ese gesto de fastidio, sin continuidad ni réplicas públicas.
El cierre no interrumpió la buena relación que el Mellizo mantiene con Arruabarrena. Poco después, ambos volvieron a cruzarse, se abrazaron y conversaron con naturalidad mientras el Vasco se preparaba para ocupar su lugar frente a la prensa. Incluso tomaron con humor lo sucedido, en una escena que reforzó la lectura de que el episodio respondió más a una molestia puntual por la dinámica de la sala que a una tensión personal o institucional.
La situación dejó además una imagen coherente con el tono general que había mostrado Guillermo durante su exposición: elogios para Boca, reconocimiento del segundo tiempo xeneize y referencias positivas hacia Paredes, en un contexto en el que Vélez había logrado sostener el empate. El desenlace abrupto, entonces, no modificó el fondo de su mensaje, pero sí expuso la sensibilidad que pueden generar ciertos gestos en un ámbito donde el orden, los tiempos y la forma en que se administra la palabra también forman parte del juego.
