Lionel Scaloni recibió en Pujato una bandera argentina firmada por vecinos del pueblo y de otras provincias. El obsequio invertía el habitual intercambio: en lugar de pedirle autógrafos, los habitantes plasmaron mensajes de agradecimiento por su disponibilidad constante.

Al entregarle el presente, Scaloni respondió con un breve “bueno, muchas gracias” y siguió firmando camisetas y saludando sin interrupción. Esta reacción revela una coherencia: el técnico entiende que el éxito de la selección genera una deuda de reconocimiento que se salda con contacto directo, no con distancia protocolar.
Gestos que refuerzan el vínculo
La comuna de Pujato propuso un acto formal en la plaza, pero Scaloni prefirió encuentros espontáneos. Esa elección evita convertir el regreso en espectáculo y mantiene el foco en la gratitud mutua. Al igual que tras Qatar 2022, el DT demuestra que la cercanía no debilita la autoridad, sino que la consolida ante una afición que viajó desde lugares distantes solo para verlo.
El gesto de Scaloni, por tanto, trasciende lo personal: proyecta una imagen de la selección como institución accesible y arraigada, capaz de retribuir el apoyo popular con la misma sencillez con que lo recibe.
