Huracán venció por 2 a 0 a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro y, además de cortar una racha de 25 años sin ganar como visitante en ese clásico, dejó una fuerte carga simbólica que se trasladó enseguida a las redes sociales. Desde la cuenta oficial del club de Parque Patricios publicaron mensajes provocadores para celebrar el triunfo y apuntar contra su rival, en una jornada que ya había tenido tensión dentro del campo y terminó con un cruce caliente entre futbolistas de ambos equipos.
La victoria se construyó con una actuación sólida de Huracán y con la aparición de Jordy Caicedo, autor de uno de los goles de la tarde. El delantero ecuatoriano fue el eje de las publicaciones posteriores del club, que decidió acompañar el festejo deportivo con una serie de posteos de tono burlón. El primero recuperó una frase popularizada por la serie El Marginal: “Che, Marito, parece una villa esto… Es una villa”, junto con un video del ingreso de los jugadores visitantes al campo de juego.

El festejo que siguió al silbatazo
La cuenta de X de Huracán profundizó después la chicana con otra publicación en la que imitó un tono bíblico para referirse a Caicedo: “El elegido volverá a castigar a los desterrados, esta vez en sus dominios, donde reinan la suciedad y los olores nauseabundos. Jordy 9:02”. La referencia combinó el nombre del delantero, su dorsal y el resultado final, una construcción pensada para subrayar tanto la autoría del gol como el peso histórico del triunfo fuera de casa.
Ese mensaje también dialogó con el contexto futbolístico del clásico. Caicedo ya había convertido ante San Lorenzo en el duelo previo disputado en el Palacio Ducó, y esta vez repitió en la cancha del local, lo que le dio al relato de Huracán un sentido de continuidad. No se trató solo de un festejo aislado, sino de una forma de capitalizar una superioridad reciente en una rivalidad marcada por la presión emocional y la lectura inmediata que generan este tipo de partidos.
Una tensión que terminó en expulsión
La temperatura del encuentro subió cuando Caicedo marcó el segundo tanto. Tras el gol, el atacante saltó los carteles publicitarios ubicados detrás del arco defendido por Orlando Gill y realizó el gesto conocido como “Topo Gigio” hacia la tribuna local. La celebración fue interpretada como una provocación y desató empujones y reclamos entre jugadores de ambos equipos, en un episodio que dejó expuesta la fragilidad del control emocional en el tramo final del clásico.
Entre las reacciones, Gill empujó al delantero y fue amonestado por el árbitro Darío Herrera. Luego, ya en medio de la discusión, el arquero paraguayo volvió a intervenir y le dio un cabezazo en la frente a Lucas Blondel, acción que el VAR terminó por revisar y que derivó en la expulsión del guardameta. La secuencia mostró cómo un partido definido en el marcador terminó ampliándose en su lectura pública por la dimensión disciplinaria y por la exposición del enojo local.
El caso deja una lección conocida para el fútbol argentino: cuando un clásico se define con una diferencia clara y además corta una racha histórica, el resultado no queda encerrado en la cancha. Se expande al lenguaje, a la provocación y a la gestión de la celebración. Huracán eligió amplificar su triunfo con mensajes filosos; San Lorenzo, en cambio, quedó obligado a procesar una derrota que combinó impacto deportivo, irritación interna y una expulsión que agravó el cierre de una tarde difícil.
