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Impactos y riesgos de la rutina de Josh Kerr

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La difusión de una sesión de fuerza diseñada por un atleta de élite como Josh Kerr puede modificar las prácticas de entrenamiento en el atletismo de media y larga distancia. Su propuesta combina isométricos, ejercicios explosivos y trabajo antirotacional del core, lo que invita a examinar tanto las mejoras posibles como las limitaciones que surgen cuando se traslada este modelo a contextos distintos del profesional.

El interés por incorporar fuerza en la preparación de corredores ha crecido en los últimos años. Estudios publicados en revistas especializadas demuestran que sesiones regulares de este tipo elevan la economía de carrera y reducen el riesgo de lesiones por sobrecarga. Sin embargo, la aplicación masiva de una rutina concreta exige analizar variables como nivel de experiencia, disponibilidad de material y capacidad de recuperación individual.

Mejoras observadas en la eficiencia de carrera

Los ejercicios seleccionados por Kerr enfatizan la rigidez tendinosa y la potencia de cadera. Esta orientación puede traducirse en zancadas más económicas, especialmente en competiciones donde la fatiga aparece en los últimos metros. Corredores que han integrado movimientos similares reportan menor oscilación vertical y mejor aplicación de fuerza contra el suelo, elementos que se correlacionan con tiempos más rápidos en distancias entre 1500 y 5000 metros.

Además, el componente antirotacional del Pallof Press y las planchas laterales fortalece la estabilidad del tronco. Esta estabilidad reduce el gasto energético derivado de compensaciones laterales durante la carrera prolongada. En contextos de alto volumen semanal, esa ganancia puede suponer una diferencia medible en la capacidad de mantener técnica cuando el cansancio se acumula.

Riesgos derivados de la carga y la frecuencia

La rutina prescribe pesos moderados y repeticiones controladas, pero la tentación de aumentar la carga para acelerar resultados es frecuente entre deportistas aficionados. Un incremento prematuro puede generar tensiones excesivas en isquiosurales y zona lumbar, especialmente si no existe una base previa de movilidad. La literatura sobre lesiones en corredores muestra que la mayoría de problemas lumbares y de tendón de Aquiles aparecen cuando se combinan volúmenes altos de carrera con sesiones de fuerza mal dosificadas.

Otro factor a considerar es la frecuencia recomendada de dos o tres sesiones semanales. Para atletas que ya acumulan más de 80 kilómetros semanales, añadir este volumen de fuerza sin ajustar la carga de carrera puede elevar el riesgo de síndrome de sobreentrenamiento. La recuperación neuromuscular requiere entre 48 y 72 horas; saltarse ese margen reduce la calidad tanto de las series de velocidad como de las sesiones de fuerza.

Transferencia desigual según nivel del deportista

Los corredores de élite poseen una base de fuerza y coordinación que permite ejecutar los movimientos con técnica precisa. En deportistas recreacionales esa base suele ser menor, por lo que ejercicios como el kettlebell swing o el peso muerto rumano pueden perder efectividad o incluso volverse contraproducentes si la cadera no se extiende correctamente. La transferencia de potencia a la zancada depende en gran medida de la calidad del patrón motor, no solo de la cantidad de repeticiones realizadas.

Además, la rutina presupone acceso a material específico como kettlebell de 20 kg, balón medicinal y barra con discos. En entornos donde solo se dispone de peso corporal o bandas elásticas, la progresión se complica y el estímulo puede resultar insuficiente para generar adaptaciones significativas.

Incertidumbres sobre la adaptación a largo plazo

Los datos actuales sobre entrenamiento de fuerza en fondistas proceden mayoritariamente de periodos cortos de intervención. Se desconoce cómo evoluciona la economía de carrera cuando la misma rutina se mantiene durante varios años sin variaciones. Algunos estudios sugieren que la adaptación se estanca si no se introduce periodización, mientras que otros indican que mantener cargas moderadas de forma continua ofrece protección frente a lesiones crónicas.

Tampoco está claro el efecto en diferentes grupos de edad. Atletas máster pueden beneficiarse de la estabilidad del core, pero también presentan mayor rigidez tendinosa que podría aumentar el riesgo de tendinopatías si los isométricos de gemelos se realizan con demasiada frecuencia. La individualización sigue siendo el factor determinante que la rutina de Kerr no puede resolver por sí sola.

Consideraciones para su aplicación responsable

Antes de incorporar la sesión completa resulta aconsejable realizar una evaluación de movilidad y fuerza básica. Aquellos que presenten debilidades evidentes en la cadena posterior deberían priorizar ejercicios de activación y técnica durante varias semanas antes de añadir carga. El control del movimiento debe mantenerse como prioridad absoluta sobre el aumento de peso.

La monitorización subjetiva del esfuerzo y la recuperación diaria permite ajustar la frecuencia según la respuesta individual. Cuando aparecen señales de fatiga persistente o molestias articulares, reducir una sesión de fuerza suele ser más efectivo que mantener el volumen original. La constancia moderada sigue ofreciendo mejores resultados que la intensidad esporádica sin control.

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