Gianni Infantino propuso vender el 20% de los ingresos futuros de la FIFA a inversores privados por 4.200 millones de dólares, creando una filial llamada FIFA Forward Enterprise. La iniciativa generó una oposición inmediata de la UEFA, las federaciones europeas, asiáticas y norteamericanas, además de ejecutivos clave dentro del propio organismo. Amenazas de boicot a las competiciones de la FIFA y la renuncia del asesor Carlos Cordeiro obligaron al presidente a retirar el proyecto el viernes pasado.

El rechazo se centró en la falta de consulta previa y en el temor a que inversores exigieran más partidos y torneos ampliados, alterando el equilibrio entre fútbol de clubes y selecciones. Infantino, que contaba con cartas de apoyo de cerca de 200 federaciones antes del escándalo, enfrenta ahora un respaldo incierto de cara a su reelección en marzo. La fecha límite para presentar candidaturas es el 18 de noviembre.
Perspectivas de futuro
La fractura interna deja al presidente aislado y sin margen para imponer cambios estructurales. Cualquier intento de retomar iniciativas similares requerirá reconstruir alianzas con Europa y las confederaciones que lideraron la resistencia. El episodio revela que el poder de Infantino depende menos de su cercanía con Donald Trump que del consenso entre las federaciones miembro.
