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Infantino elogia a Trump por el éxito del Mundial

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El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha reforzado públicamente su vínculo con Donald Trump al atribuirle el mérito principal del desarrollo exitoso del Mundial 2026. Durante una conferencia de prensa conjunta celebrada en Nueva York el 17 de julio, Infantino afirmó que el torneo no habría alcanzado su nivel de organización sin la intervención directa del mandatario estadounidense. Esta declaración llega apenas dos días antes de la final entre Argentina y España en el estadio de Nueva Jersey.

El elogio como punto de inflexión institucional

La intervención de Infantino no se limitó a fórmulas diplomáticas habituales. El dirigente suizo subrayó que Trump creó un entorno seguro y lleno de alegría durante la competencia que involucró a México, Canadá y Estados Unidos. Con 78 de los 104 partidos celebrados en territorio estadounidense, la organización recayó en gran medida sobre las autoridades federales y estatales norteamericanas. Infantino presentó esta colaboración como el factor decisivo que elevó el evento por encima de cualquier edición anterior.

La proximidad entre ambos líderes ya había quedado en evidencia semanas antes. El 5 de julio Trump anunció en Truth Social que la FIFA había anulado la tarjeta roja mostrada al delantero estadounidense Folarin Balogun en el partido de octavos contra Bosnia-Herzegovina. Posteriormente reconoció haber contactado personalmente a Infantino para solicitar una revisión del caso. La decisión permitió que Balogun continuara en el torneo, aunque Estados Unidos terminó eliminado por Bélgica.

La independencia de la FIFA bajo presión política

La relación entre Infantino y Trump plantea interrogantes sobre la autonomía real de la máxima autoridad del fútbol mundial. Históricamente la FIFA ha mantenido una postura de neutralidad política frente a los gobiernos anfitriones. Sin embargo, la secuencia de hechos —la llamada telefónica para revertir una sanción y los elogios públicos posteriores— sugiere que la línea entre gestión deportiva y apoyo político se ha vuelto permeable. Esta dinámica afecta directamente la percepción de imparcialidad que la organización necesita para arbitrar entre selecciones de distintos bloques geopolíticos.

Impacto en selecciones y mercados emergentes

Las federaciones de países en desarrollo observan con atención cómo se resuelven estos episodios. Una posible consecuencia es la pérdida de confianza en los mecanismos disciplinarios de la FIFA. Si se interpreta que una intervención presidencial puede modificar decisiones arbitrales o disciplinarias, las selecciones sin respaldo político fuerte podrían percibir desventajas estructurales. Este efecto se magnifica en un Mundial expandido a 48 equipos, donde la distribución de arbitrajes y recursos logísticos ya genera tensiones previas.

Por otro lado, los patrocinadores y cadenas de televisión evalúan el riesgo reputacional. Un torneo percibido como influido por intereses electorales de un solo país puede reducir el valor de los derechos de transmisión en mercados sensibles a la politización del deporte. Las negociaciones para el ciclo 2030 ya incorporan cláusulas de independencia editorial que antes no eran prioritarias.

Perspectivas contrapuestas entre actores clave

Desde la Casa Blanca, el episodio se presenta como prueba de liderazgo efectivo: Trump logró que la FIFA corrigiera una decisión que consideraba injusta y, al mismo tiempo, recibió reconocimiento público por la organización general del evento. Para Infantino, el acercamiento representa una vía para garantizar apoyo logístico y financiero en futuras ediciones, especialmente cuando el calendario se extiende a tres países con sistemas de seguridad y transporte distintos.

Organismos como la UEFA y la CONMEBOL han mantenido silencio oficial, pero fuentes internas indican preocupación por el precedente. Varias federaciones europeas consideran que cualquier revisión disciplinaria motivada por contactos directos con gobiernos erosiona el principio de igualdad competitiva. En América Latina, en cambio, algunos dirigentes valoran positivamente que el Mundial haya transcurrido sin incidentes graves de seguridad, independientemente de las motivaciones políticas que lo hicieron posible.

Riesgos de politización y escenarios futuros

La creciente interdependencia entre la FIFA y gobiernos anfitriones introduce riesgos de largo plazo. Uno de ellos es la posible fragmentación del calendario internacional si selecciones de países en conflicto con Estados Unidos deciden boicotear ediciones futuras. Otro riesgo consiste en que futuras candidaturas se evalúen no solo por infraestructura deportiva, sino también por alineación política con el país que más aporta recursos.

En el plano interno de la FIFA, el modelo de gobernanza podría verse cuestionado en el próximo congreso. Varios miembros han sugerido la necesidad de crear protocolos que limiten las comunicaciones directas entre el presidente y mandatarios nacionales durante competiciones activas. Sin embargo, Infantino cuenta con el respaldo de la mayoría de las confederaciones, lo que dificulta cualquier intento de restricción formal.

El Mundial 2026 quedará registrado como el primero en el que una potencia anfitriona ejerció influencia explícita sobre decisiones disciplinarias y recibió reconocimiento público por ello. Esta combinación establece un nuevo estándar de interacción entre poder político y organismo rector del fútbol que otras candidaturas futuras deberán considerar al diseñar sus propuestas.

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