La retirada del plan para vender el 20 % de la Copa del Mundo no ha calmado la crisis de Gianni Infantino. Al contrario, UEFA y Concacaf ven al presidente de la FIFA debilitado y han decidido presionar por un cambio en la gobernanza. Infantino renunció al proyecto “FIFA Forward Enterprise”, que buscaba 4.200 millones de dólares de inversores privados, tras la oposición frontal de las confederaciones europeas, asiáticas y norteamericanas.

La reacción interna ha sido igual de dura. Carlos Cordeiro, asesor cercano de Infantino, dimitió de inmediato y rechazó la iniciativa por considerarla “perjudicial para las federaciones, el fútbol y su futuro”. Kevin Lamour, alto ejecutivo de la FIFA, señaló que el proyecto “no es de la FIFA, es de un solo individuo”. La UEFA ha trasladado un ultimátum: dimitir o enfrentar una moción de censura. Federaciones como la alemana y la inglesa exigen ya una revisión profunda del liderazgo.
Una nueva fase de poder
El episodio revela que Infantino ha perdido apoyo clave dentro y fuera de la FIFA. Aunque sigue siendo el único candidato para 2027, la coordinación entre confederaciones y la contestación interna marcan un punto de inflexión: el control del organismo entra en disputa abierta y la gobernanza de la entidad queda en entredicho.
