Gianni Infantino afronta la mayor crisis política de su etapa al frente de la FIFA después de que varias federaciones europeas le retiraran su respaldo por el fallido plan para vender participaciones de las competiciones internacionales a inversores privados.
La propuesta contemplaba transferir hasta el 20% de los derechos económicos del Mundial y de otros torneos organizados por la FIFA a un fondo de inversión. El proyecto fue frenado tras el rechazo de Europa, Asia y la Concacaf, pero el retroceso no ha cerrado el conflicto: ha abierto una disputa sobre la gobernanza, la transparencia y el rumbo financiero del organismo.

Una pérdida de confianza difícil de revertir
Gales se convirtió en la primera federación en anunciar públicamente que no apoyará la reelección de Infantino para el ciclo 2027-2031. Inglaterra, Alemania y Rumanía también han comunicado la retirada de su respaldo y estudian acciones legales contra el plan económico frustrado. La Federación Alemana de Fútbol calificó la pérdida de confianza de “irreparable”.
Andreas Rettig, director general de la DFB, cuestionó tanto el contenido de la iniciativa como el método empleado para impulsarla. Según su versión, la decisión se habría preparado a puerta cerrada y con tácticas deshonestas para recabar apoyos. La crítica apunta a un problema más profundo que una operación financiera fallida: la percepción de que la FIFA está tomando decisiones estratégicas con una influencia excesiva de perfiles ajenos al fútbol.
La ruptura, sin embargo, no es unánime. La República Checa ha expresado una posición favorable a la idea, por lo que aún no está claro si las 55 federaciones europeas actuarán como un bloque. Esa división puede ser decisiva en una elección que se celebrará el 18 de marzo en Rabat.
Infantino llega a la carrera por la reelección debilitado y sin el respaldo de la UEFA, una organización con capacidad para coordinar el voto europeo y elevar el coste político de cualquier candidatura oficialista. La posible entrada de Aleksander Čeferin o Nasser Al Khelaifi convertiría la pérdida de confianza institucional en una competencia abierta por el control de la FIFA.
