La decisión de Juan Guillermo Cuadrado, Yerry Mina y Jefferson Lerma de convertirse en socios de Guatapé Plaza marca un punto de inflexión en la forma en que los futbolistas colombianos canalizan sus ingresos hacia proyectos de infraestructura regional. El complejo, ubicado en Antioquia, contempla una inversión total de 43 millones de dólares y abarca 14.000 metros cuadrados distribuidos en cuatro etapas. Lo que comenzó como una idea compartida entre Cuadrado y Mina terminó incorporando a Lerma como socio principal, impulsado por el potencial turístico del embalse y la Piedra del Peñol.
La iniciativa que unió trayectorias deportivas y capital privado
El proyecto no surgió de un plan institucional ni de fondos públicos, sino de la confianza personal entre los tres jugadores. Cuadrado y Mina identificaron la oportunidad en una zona que ya atrae visitantes nacionales e internacionales, pero carecía de un centro comercial y cultural integrado. Lerma se sumó después, atraído por la misma lógica: invertir junto a compañeros de selección en un activo tangible que trascienda la duración de sus carreras. Esta secuencia revela un patrón emergente entre deportistas de élite que buscan diversificar fuera del fútbol sin abandonar el país.
Avance de obra, empleo y desembolsos hasta julio de 2024
Al momento del balance presentado en julio de 2024, la primera etapa alcanzaba el 52 % de ejecución con 24 millones de dólares ya invertidos. La construcción generaba 120 empleos directos, 160 indirectos y 27 plazas para profesionales del arte y el diseño. Estos números permiten medir el impacto inmediato en una región donde el turismo estacional no siempre se traduce en puestos estables. El proyecto contempla locales comerciales, gastronomía, salas de cine y canchas de fútbol, pádel y tenis, elementos que buscan captar tanto al turista de paso como al residente local.
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El mural y el zócalo como diferenciadores culturales
Uno de los elementos más distintivos es el zócalo de 17 por 15 metros y el mural de diez metros de altura dedicado a la trayectoria de los tres jugadores en la Selección Colombia. Estas piezas artísticas no solo decoran el espacio, sino que buscan convertir el complejo en un referente identitario. En un país donde los íconos deportivos suelen limitarse a estadios o campañas publicitarias, la decisión de integrar su historia en un centro comercial plantea preguntas sobre cómo se capitaliza el prestigio personal en proyectos de desarrollo territorial.
Perspectivas de los actores locales frente al capital externo
Los residentes de Guatapé y el Oriente antioqueño observan el proyecto con una mezcla de expectativa y cautela. Por un lado, la generación de empleo y la diversificación de la oferta turística pueden reducir la dependencia del embalse como único atractivo. Por otro, existe el temor de que el modelo de gestión priorice el retorno de los inversionistas sobre las necesidades de los pequeños comerciantes ya establecidos. Hasta ahora no se han registrado conflictos abiertos, pero la experiencia de otros desarrollos impulsados por figuras públicas en Colombia muestra que la distribución de beneficios suele convertirse en el punto más sensible una vez que la obra alcanza su fase de operación.
Riesgos de ejecución y dependencia del turismo
El cronograma de cuatro etapas enfrenta riesgos habituales en proyectos de esta escala: posibles retrasos por trámites ambientales, fluctuaciones en los costos de materiales y variaciones en la demanda turística. Además, la zona ya cuenta con una oferta comercial dispersa; la llegada de un complejo centralizado podría desplazar negocios informales sin absorberlos necesariamente. Los jugadores han enfatizado su visión de largo plazo, pero la historia reciente de inversiones deportivas en infraestructura muestra que el éxito depende tanto de la ejecución técnica como de la capacidad de adaptación a ciclos económicos regionales.
Replicabilidad del modelo en otras regiones colombianas
El caso de Guatapé Plaza sugiere que la combinación de capital de deportistas con activos turísticos puede convertirse en una vía alternativa de inversión cuando los mercados financieros tradicionales resultan volátiles. Sin embargo, no todas las zonas poseen el mismo flujo de visitantes ni la misma proximidad a centros urbanos. Proyectos similares en regiones con menor visibilidad requerirían alianzas más amplias con gobiernos locales o fondos de desarrollo para alcanzar viabilidad. La experiencia de estos tres jugadores podría servir como referencia, siempre que se documenten tanto los resultados financieros como los efectos sobre el tejido productivo local una vez que el complejo entre en funcionamiento completo.
