Aquel 26 de julio de 1996, Jefferson Pérez cruzó la meta en Atlanta con 1 hora 20 minutos y 7 segundos, obteniendo el primer oro olímpico de Ecuador. La victoria rompió la noción de lo imposible en el deporte nacional, que carecía entonces de apoyo estatal o tecnológico. Tres décadas después, el marchista cuencano recuerda cómo un puente a un kilómetro de la meta se convirtió en el punto donde decidió entregar todo por su país, impulsado por el recuerdo de un amigo fallecido y la voluntad que los análisis médicos no podían medir.

Legado y proyección actual
La hazaña de Pérez abrió un camino que hoy incluye títulos mundiales, medallas en Pekín y los recientes oros de Richard Carapaz, Neisi Dajomes y Daniel Pintado. Su experiencia tras Atlanta le permitió compartir errores con la nueva generación en París 2024, enfatizando que la disciplina exige control lógico, fuerza emocional y convicción espiritual. A los 30 años del triunfo, Ecuador celebra el Día del Deportista y apunta a diez podios en Los Ángeles 2028, meta viable si se articula apoyo institucional y privado. Pérez define su rol como el de un obrero que pavimentó un sendero de piedra: duro, pero generador de paz para quienes lo recorren con la misma determinación.
