Jessica Bouzas llega a Wimbledon 2026 con la conciencia clara de que ya no es una promesa. La española de 24 años, tras eliminar a la campeona Vondrousova en 2024 y alcanzar octavos en 2025, afronta ahora la exigencia de consolidar resultados en un circuito que la conoce mejor.

En la entrevista, Bouzas admite que defender puntos en torneos importantes genera una presión distinta. “El segundo año siempre es más complicado porque las rivales ya saben cómo juegas”, señala. Esta temporada ha acumulado partidos previos en hierba y llega con sensaciones positivas, aunque reconoce frustración por no encontrar aún el rendimiento esperado.
Normalización y soledad del tenis
Bouzas distingue entre la ilusión que Wimbledon sigue generando y la normalización del circuito. Busca resultados ambiciosos sin perder el valor del Grand Slam, pero gestiona la frustración de forma solitaria. El tenis, explica, no permite el apoyo constante de un compañero, por lo que recurre a su pareja y familia para el sostén personal más que técnico.
El tenis femenino español
Sobre la salud del tenis español femenino, Bouzas señala que solo tres jugadoras están en el top 100 y que el país está “malacostumbrado” por décadas de figuras destacadas. Considera que la ausencia de lesiones en jugadoras como Badosa y Bucsa, junto con el apoyo de Carla Suárez, puede revertir la situación, aunque advierte que alcanzar el nivel anterior exige tiempo y factores múltiples.
Su mejor ranking (40-42) marca el paso definitivo: ya no hay margen para ser solo promesa. Bouzas asume esa responsabilidad sin la visibilidad extrema que afecta a otras jugadoras, pero reconoce que pesa. El foco ahora está en el día a día y en aprovechar el medio año restante para recuperar consistencia.
