La Federación de Fútbol de Jordania ha emitido una denuncia formal contra el uso comercial no autorizado de imágenes y referencias de su selección nacional, conocida como Al-Nashama, en el contexto del Mundial 2026. El reclamo surge mientras el equipo se prepara para su último partido de fase de grupos contra Argentina, tras derrotas ante Austria y Argelia. La federación busca frenar que empresas locales y productoras aprovechen la visibilidad del torneo sin contar con licencias, subrayando la necesidad de respetar la propiedad intelectual asociada a una selección que representa un logro histórico para el país.
Este episodio no se limita a una disputa legal aislada. Revela tensiones estructurales entre el creciente valor comercial del fútbol internacional y la capacidad de federaciones emergentes para proteger su identidad institucional. La participación jordana, aunque modesta en resultados, ha generado un orgullo nacional tangible que ahora choca con intentos de monetización externa sin control.

Impacto en federaciones de menor escala
Para selecciones como la jordana, el Mundial representa una ventana única de exposición que puede traducirse en patrocinios futuros, desarrollo de infraestructura y atracción de talento. Sin embargo, cuando empresas locales utilizan imágenes del equipo sin autorización, se genera un doble perjuicio: por un lado, se diluye el control sobre la narrativa oficial del equipo; por otro, se priva a la federación de ingresos potenciales que podrían destinarse a programas juveniles o preparación de torneos. Casos similares ocurrieron con federaciones africanas en ediciones anteriores del Mundial, donde la ausencia de protocolos claros de licenciamiento permitió que marcas locales monetizaran el momento sin retorno económico para las instituciones deportivas.
Un análisis comparativo con la Copa Mundial Femenina de 2023 muestra que las federaciones que establecieron acuerdos de imagen anticipados lograron capturar hasta un 35% más de valor comercial que aquellas que reaccionaron de forma reactiva. Jordania, al actuar antes de su partido decisivo contra Argentina, sigue esta lógica preventiva, aunque el costo administrativo de monitorear usos indebidos recae desproporcionadamente sobre federaciones con presupuestos limitados.
Perspectivas de los distintos actores
Desde la óptica de las empresas locales jordanas, el uso de imágenes del equipo responde a un impulso de cercanía con el público y a la necesidad de asociar productos con el orgullo nacional. Sin embargo, esta práctica choca con la postura de la federación, que distingue entre apoyo popular genuino y explotación comercial estructurada. FIFA, por su parte, mantiene regulaciones sobre derechos de imagen a nivel global, pero su aplicación en mercados locales suele depender de la capacidad de cada federación para hacerlas valer. Los aficionados, mientras tanto, enfrentan una paradoja: celebran la visibilidad de su selección, pero pueden resentirse si medidas legales limitan expresiones espontáneas de apoyo.
El gesto del equipo jordano de rendir homenaje a un joven aficionado fallecido en una estampida en Amán añade una capa emocional que complica la narrativa puramente comercial. Este acto refuerza la identidad del equipo como institución comunitaria, no solo como producto de mercado, y subraya por qué la federación considera prioritario preservar el control sobre cómo se representa esa identidad.
Tendencias futuras y riesgos potenciales
Es previsible que federaciones de países en desarrollo adopten protocolos más estrictos de licenciamiento antes de grandes torneos, inspirados en modelos europeos donde las selecciones gestionan bancos de imágenes centralizados. Esta tendencia podría derivar en alianzas con plataformas tecnológicas que permitan monitoreo automatizado de usos no autorizados, reduciendo costos de vigilancia. Al mismo tiempo, existe el riesgo de que un exceso de control genere percepción de lejanía entre la selección y su base de aficionados, especialmente en contextos donde el fútbol funciona como vehículo de cohesión social.
Otro riesgo radica en posibles disputas legales prolongadas que consuman recursos escasos de federaciones pequeñas. Si el litigio se extiende más allá del Mundial, el beneficio de la participación histórica podría verse erosionado por costos jurídicos y desgaste institucional. Además, la falta de armonización entre regulaciones locales y las normas de FIFA podría generar vacíos que beneficien a intermediarios sin aportar valor real al ecosistema del fútbol.
La experiencia jordana ilustra cómo el éxito deportivo de una nación emergente genera externalidades comerciales que, sin gestión adecuada, pueden convertirse en fuente de conflicto más que de beneficio. La protección de la identidad de Al-Nashama no solo resguarda un activo institucional, sino que establece un precedente para otras selecciones que enfrentarán dilemas similares en ediciones futuras del Mundial.
