Montevideo, 16 ago (EFE).- Jorge Bava dejó de ser el entrenador de Nacional después de la derrota frente a Racing en la segunda fecha del Torneo Clausura uruguayo, un desenlace que cerró un ciclo breve y de resultados irregulares en el banquillo tricolor. La salida se produjo apenas 25 partidos después de su llegada y vuelve a exponer la inestabilidad técnica de un club que en los últimos años ha alternado varios entrenadores en busca de continuidad competitiva.
El recorrido de Bava en Nacional estuvo marcado por una secuencia de rendimientos desparejos en los torneos locales y en las copas internacionales. El equipo terminó séptimo en el Apertura, quedó fuera en la primera fase de la Copa Libertadores con 8 puntos de 18 posibles, fue eliminado por Tigre en los dieciseisavos de final de la Copa Sudamericana y cerró el Intermedio en el segundo puesto de su grupo, sin acceso a la final. El Clausura comenzó con derrota, una señal que terminó por acelerar una decisión ya condicionada por el balance general.

Un ciclo corto y con números que pesaron
El balance de Bava en Nacional quedó en 11 victorias, 3 empates y 11 derrotas. Más allá de la paridad estadística, el dato decisivo fue la falta de una línea ascendente en los momentos clave. Nacional ganó poco margen en el Apertura, no logró sostenerse en la Libertadores y tampoco encontró en el Intermedio una base que le permitiera llegar al Clausura con una posición más sólida. En un club obligado a pelear por títulos, la acumulación de tropiezos terminó teniendo más peso que los pasajes de mejora puntual.
La dirigencia también leyó la salida dentro de un proceso más amplio de recambios técnicos. Nacional inició el año con Jadson Viera, despedido en marzo después de perder la Supercopa Uruguaya, el clásico del Apertura y firmar apenas cinco triunfos en 16 partidos. El 22 de marzo llegó Bava, que venía de dejar Cerro Porteño tras ser cesado en Paraguay, donde había conquistado un Clausura y una Supercopa. La apuesta buscaba recomponer el rumbo, pero el equipo no consiguió estabilizarse.
La presión de un club que no admite otra deriva
El contexto explica la urgencia. Nacional es el vigente campeón uruguayo, pero hoy está séptimo en la Tabla Anual acumulada, a ocho puntos del líder y con dos encuentros más disputados. Esa desventaja deja al Clausura como la única vía realista para sostener la pelea por el título nacional, lo que eleva la exigencia sobre el próximo entrenador y reduce el margen para la adaptación. El club, además, debe ordenar su temporada en medio de una tendencia repetida: otra vez tendrá más de un director técnico en el mismo año.
El calendario inmediato también añade presión. Nacional recibirá a Progreso en la tercera fecha del Clausura, un partido clave no solo para intentar recuperar terreno en el torneo corto, sino también para mejorar su posición en la tabla que clasifica a las copas internacionales de 2027. Después llegará un clásico frente a Peñarol, un examen que suele amplificar cualquier crisis o recuperación. En ese marco, la salida de Bava no solo cierra una etapa, sino que vuelve a mostrar que el problema de fondo en Nacional excede a un solo entrenador: la dificultad para sostener un proyecto con continuidad y resultados al mismo tiempo.
