Josué Canales iniciará el 1 de octubre una nueva etapa deportiva en Australia, donde se entrenará bajo la dirección de Rinaldi con el objetivo de recuperar su perfil de corredor de 800 metros y preparar, a medio plazo, los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. El mediofondista español, de 24 años, nacido en Honduras y criado en Gerona, ha decidido dejar el grupo de Carles Castillejo tras tres temporadas de trabajo conjunto y después de un curso marcado por resultados por debajo de sus expectativas.
La decisión, avanzada tras los Europeos de Birmingham, ha generado sorpresa en el atletismo español por la distancia del destino y por el estatus de Canales. El atleta fue medallista de bronce en los 800 metros de los Mundiales en pista cubierta de 2025, un resultado que le situó entre las principales referencias españolas de la especialidad. Sin embargo, el propio corredor considera que aquella medalla no encontró continuidad durante la temporada posterior.
Canales ha precisado que su marcha no supone una renuncia a competir con España. Según explicó, parte de la reacción pública ha confundido el cambio de residencia y entrenador con una salida de la selección, una interpretación que rechaza. Su intención es mantener su vinculación deportiva nacional mientras busca un entorno de preparación distinto, con un grupo de alto nivel y una metodología orientada específicamente al 800.

Una temporada que aceleró la ruptura
El punto de partida de la decisión está en una campaña difícil. En marzo, Canales quedó eliminado en las semifinales de los Campeonatos de España en pista cubierta disputados en Valencia, un revés que vivió con visible frustración. Más adelante, tampoco logró acceder a las finales en los Europeos de Birmingham. Para un atleta que había alcanzado el podio mundial apenas un año antes, la distancia entre las expectativas y los resultados fue determinante.
El corredor sitúa la reflexión en varios momentos del verano. Tras los Campeonatos de España, a finales de julio, comunicó a Castillejo que se planteaba un cambio. La decisión se consolidó después del mitin de Vallehermoso, a mediados de ese mes. Canales reconoce que atravesó una semana de duelo emocional al asumir que dejaba atrás una estructura personal y deportiva que había sido central en su carrera reciente.
La ruptura no responde, según su relato, a una acusación contra su anterior entrenador. Canales ha subrayado que Castillejo facilitó el proceso y que conserva una valoración afectuosa de su relación. El componente personal es relevante: la separación de un entrenador no altera únicamente cargas, ritmos o calendarios, sino una rutina compartida durante años y una red de confianza construida en la competición.
El debate entre resistencia y velocidad
Canales llegó al grupo de Castillejo con una preparación más próxima a la de un velocista. El objetivo de los últimos tres años fue reforzar una resistencia que él identificaba como su principal debilidad. Ese trabajo contribuyó a consolidar su capacidad para competir en el mediofondo, pero el atleta interpreta que el proceso le hizo perder parcialmente la velocidad final que distinguía su manera de correr.
Su diagnóstico no es una conclusión técnica definitiva, sino la explicación personal de un deportista que no se reconocía en sus carreras. Canales sostiene que dejó de rematar con eficacia y que comenzó a sentirse como un mediofondista sin rasgos diferenciales. También rechaza atribuir sus dificultades a una incapacidad para gestionar la presión tras la medalla mundial. Asegura que cuenta con estabilidad profesional, vive del atletismo y considera que el problema fue principalmente deportivo.
La apuesta australiana persigue corregir esa percepción. Rinaldi, su futuro entrenador, trabaja con especialistas del 800 y ha entrenado, entre otros, al campeón europeo Mark English. Canales valora que ese grupo se ajuste a su prioridad competitiva: no busca evolucionar hacia los 1.500 metros ni aumentar el volumen de kilometraje propio de planteamientos más orientados a la milla, sino recuperar explosividad sin renunciar a la base aeróbica necesaria para dos vueltas de pista.
Australia como cambio de entorno y método
La elección de Melbourne tiene una dimensión deportiva, pero también personal. Canales descarta que Madrid fuese una alternativa equivalente porque no quería sustituir un Centro de Alto Rendimiento por otro. Tras cuatro años en Sant Cugat, entendía que su entorno habitual se había convertido en una referencia demasiado conocida. El cambio de país, idioma, grupo y cultura de entrenamiento pretende romper esa continuidad y ampliar sus recursos competitivos.
Esta clase de movimientos no garantiza resultados. La adaptación a un nuevo entrenador exige tiempo, y la distancia respecto a su familia añadirá una dificultad relevante. El propio Canales anticipa que habrá momentos de soledad. Además, cualquier modificación profunda de la preparación supone un periodo de ajuste en el que las mejoras esperadas pueden no ser inmediatas. La decisión, por tanto, combina una expectativa de progreso con riesgos deportivos y personales asumidos por el atleta.
Su patrocinador, New Balance, y la federación participaron en reuniones con Rinaldi durante los Europeos de Birmingham. Esa coordinación ofrece una base institucional al traslado, aunque el éxito dependerá de la integración diaria de Canales en el nuevo grupo y de la coherencia entre sus características físicas, el plan técnico y el calendario de competición. El caso refleja también una tendencia creciente entre deportistas de élite: buscar fuera del país el contexto que consideran más específico para su prueba, sin que ello implique romper con la selección.
Valencia como primer examen
Canales prevé instalarse en Melbourne a comienzos de octubre y regresar a España durante la Navidad para estar con su familia. El primer gran objetivo de la nueva preparación serán los Europeos de Valencia, previstos para marzo. Esa cita servirá para medir hasta qué punto el cambio ha devuelto al atleta la capacidad de competir en carreras de máxima exigencia, aunque el calendario deja un margen limitado entre su llegada y el primer campeonato importante.
La referencia principal está situada en Los Ángeles, dentro de dos años. Canales afronta ese horizonte con una experiencia olímpica previa que, en sus palabras, ya le permitió dejar atrás la condición de aprendiz. Su traslado no debe leerse únicamente como una reacción a una mala temporada: es una decisión de reposicionamiento en una especialidad donde unos pocos detalles tácticos, físicos y de velocidad final separan la presencia en una final internacional de verla desde fuera.
El desenlace del proyecto dependerá de si el nuevo entorno logra transformar la insatisfacción de 2026 en un progreso medible. Canales ha optado por asumir el coste de alejarse de su entorno conocido para preservar una ambición competitiva elevada. Su caso plantea una cuestión de fondo para el atletismo español: la fortaleza de las estructuras nacionales sigue siendo decisiva, pero los itinerarios de alto rendimiento pueden requerir soluciones individuales cuando un atleta entiende que su evolución necesita un estímulo diferente.
