Tras cuatro años de ausencia, el expresidente Juan Orlando Hernández aterrizó en Tegucigalpa el 26 de julio. Las autoridades desplegaron un amplio dispositivo de seguridad en el aeropuerto y vías principales, mientras simpatizantes del Partido Nacional lo recibieron con banderas y consignas de apoyo. Decenas de periodistas nacionales e internacionales cubrieron el momento.

El regreso se produjo después de que un juez suspendiera provisionalmente la orden de captura y la alerta roja internacional. Hernández había solicitado su presentación voluntaria a inicios de julio, lo que permitió levantar las restricciones mientras avanza el proceso judicial. Esta decisión marca un punto de inflexión en el caso que enfrenta desde su salida del país.
Implicaciones políticas
El operativo y la concentración de seguidores evidencian que Hernández mantiene una base organizada dentro del Partido Nacional. Su reaparición pública podría influir en las dinámicas internas del partido y en el debate sobre la persecución judicial de exfuncionarios. Las próximas semanas serán clave para determinar si esta suspensión temporal se consolida o si enfrenta nuevos obstáculos legales.
El hecho de que el exmandatario haya elegido el momento preciso para volver refleja un cálculo político cuidadoso. La suspensión de la alerta roja reduce la presión internacional y le permite reorganizar su presencia en el país sin riesgo inmediato de detención. Observadores locales señalan que este regreso podría reactivar alianzas y tensiones dentro de la oposición.
