Durante la celebración del título mundial, el hermano menor de Lamine Yamal, Keyne, captó toda la atención al intentar chupar repetidamente la Copa del Mundo. El gesto espontáneo, lejos de los reflectores del campo, generó una oleada inmediata de vídeos en redes y eclipsó incluso el logro deportivo de su hermano de 19 años.

El hecho revela cómo los momentos familiares pueden amplificar el impacto emocional de una victoria colectiva. Mientras Lamine observaba con complicidad, la escena consolidó a Keyne como el personaje más cercano y humano de la fiesta española, demostrando que el valor de un trofeo también reside en quién lo comparte.
