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La alarma de Colapinto en Monza no le impidió terminar noveno en la primera práctica

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Franco Colapinto terminó noveno en la primera sesión de entrenamientos del Gran Premio de Italia, pero su jornada en Monza quedó marcada por una falla en el Alpine que provocó una tensa comunicación por radio. El piloto argentino advirtió que algo no funcionaba correctamente en el monoplaza y reclamó respuestas mientras el equipo intentaba identificar el origen del problema sin retirarlo de la pista.

“¡Está roto!”, exclamó Colapinto durante la conversación con el box. Su ingeniero, Stuart Barlow, le respondió que la recarga estaba activada y le pidió que revisara los espejos. La explicación no alcanzó para despejar la preocupación del argentino, que insistió en saber qué había ocurrido. En ese momento, Alpine todavía no tenía un diagnóstico claro y optó por indicarle que enfriara los neumáticos mientras sus técnicos analizaban los datos.

Una anomalía que el equipo intentó contener desde la pista

La incertidumbre técnica derivó rápidamente en frustración. “Todo el tiempo lo mismo. Dios mío, mirá mis neumáticos”, manifestó Colapinto en otra comunicación con el muro. Sus palabras reflejaron que el inconveniente no se percibía como un episodio aislado, sino como una alteración que estaba afectando de manera repetida la respuesta del auto y el trabajo sobre las gomas.

Alpine procuró resolver la situación sin interrumpir la sesión. Barlow le propuso realizar un reinicio de pedal y volver a utilizar el denominado “part pedal”, un método de aceleración parcial que permite modificar la entrega de potencia y adaptar la reacción del monoplaza. La instrucción tenía un doble objetivo: controlar el comportamiento del vehículo y conservar el tiempo de pista disponible para completar el programa de pruebas previsto en el trazado italiano.

El intercambio también mostró una limitación habitual de las sesiones libres: cuando una falla aparece sin una causa inmediatamente evidente, el equipo debe tomar decisiones con información incompleta. Sacar el auto del circuito puede facilitar una inspección, pero implica perder vueltas valiosas; mantenerlo en pista permite reunir datos, aunque aumenta la presión sobre el piloto y exige que cada ajuste se haga con cautela.

El resultado deportivo matizó la preocupación

Pese al episodio, Colapinto consiguió completar una primera práctica competitiva. Finalizó noveno con un tiempo de 1m24s028 y acumuló 26 vueltas, un registro que lo ubicó dentro de los diez mejores de la sesión. Más allá de la posición, su ritmo le permitió acercarse al grupo de referencia y ofreció a Alpine una base útil para continuar con la puesta a punto del auto durante el resto del fin de semana.

El resultado, sin embargo, no fue completamente limpio. En uno de sus intentos por mejorar el tiempo, el argentino perdió adherencia en la curva Parabólica Michele Alboreto y se salió de la trayectoria. La maniobra no borró el desempeño general de la sesión, aunque sí confirmó que el margen de estabilidad del Alpine todavía es reducido cuando se busca el límite, especialmente en un circuito donde las velocidades elevadas castigan cualquier desequilibrio.

Por eso, la lectura de la práctica tiene dos caras. El noveno puesto indica que Colapinto pudo extraer rendimiento aun con dificultades y que el Alpine cuenta con una velocidad inicial razonable en Monza. Al mismo tiempo, las advertencias por radio y la pérdida de adherencia muestran que ese potencial todavía no se traduce en una operación plenamente confiable. En Fórmula 1, la rapidez de una vuelta aislada solo adquiere valor si puede repetirse sin comprometer neumáticos, control y consistencia.

Alpine llega a un escenario que exige respuestas

El Gran Premio de Italia representa una oportunidad importante para que Alpine busque puntos y recorte distancia en el campeonato. La escudería, no obstante, afronta el fin de semana bajo presión después de la decisión de la Federación Internacional del Automóvil de sancionar nuevamente a Pierre Gasly y retirarle el tercer puesto que había obtenido en Mónaco. Ese antecedente vuelve todavía más relevante la necesidad de convertir un buen ritmo de entrenamiento en un resultado oficial.

Para Colapinto, las próximas sesiones serán determinantes para comprobar si el rendimiento mostrado en la primera práctica es sostenible. El trabajo no consistirá únicamente en buscar una vuelta más rápida: el equipo deberá establecer si el comportamiento señalado por el piloto está relacionado con la gestión de la potencia, con la respuesta de los pedales, con el desgaste de los neumáticos o con una combinación de esos factores. La ausencia de un diagnóstico inmediato convierte cada tanda en una instancia de verificación.

La prioridad ya no es solo ganar velocidad

La jornada de Monza dejó una conclusión concreta para Alpine: el auto puede competir cerca del Top 10, pero aún necesita ofrecer mayor previsibilidad. Colapinto terminó noveno a pesar de la alarma y del despiste en la Parabólica, una actuación que sostiene sus expectativas para el fin de semana. Sin embargo, si la escudería pretende transformar ese ritmo en puntos, tendrá que resolver antes los problemas que obligan al piloto a gestionar el monoplaza mediante instrucciones de emergencia. En un circuito rápido y con pocas oportunidades para corregir errores, la fiabilidad operativa será tan decisiva como la velocidad pura.

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